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Hace unos días oí por casualidad a ejecutivos de Goldman Sachs hablando sobre el estado del sistema financiero global con algunos clientes europeos. Y lo que más me impactó de ese análisis fue cuántos problemas se están gestando lentamente en algunos rincones del mundo de los commodities.
No importa que el precio del petróleo esté alto; este problema ya es bien conocido y se ha derramado mucha tinta tratándolo. En cambio, lo que realmente llama la atención de los ejecutivos de Goldman Sachs es la perspectiva de los precios de los productos agrícolas.
O, como señaló Jeff Currie, director del área de investigación sobre commodities del banco estadounidense: “Creo que podríamos entrar en crisis en muchos sectores de los commodities dentro de los próximos 12 a 18 meses. Y diría que la agricultura es clave”.
Esa observación puede resultar extraña para algunos lectores del Financial Times. Después de todo, los habitantes de Occidente normalmente se preocupan mucho más por el precio del combustible para sus autos que por el precio del trigo o del maíz. Además, cuando los inversores occidentales sí piensan en “la crisis de los commodities” su punto de referencia suele ser la crisis del petróleo de la década del 70.
Sin embargo, como observó Currie, este punto de vista es peligrosamente parcial. En la década del 70, la proporción de población mundial afectada por el hambre fue mucho mayor que la que sufrió la crisis energética. Y aún hoy, los precios en alza de los alimentos implican un fuerte golpe político para los países en vías de desarrollo o parcialmente desarrollados, de una magnitud que a veces es subestimada en Occidente.
En realidad, ya hay evidencias de que se están gestando tensiones políticas: el Programa Mundial de Alimentos, por ejemplo, indica que un tercio de la población mundial vive en países sujetos a controles de precios de los alimentos o prohibiciones de exportar.
Sin embargo, Goldman Sachs cree que esto es sólo parte de un problema mucho más serio de mala asignación de capitales y recursos. Para Currie, si el mundo de hoy presentara un panorama económico racional, algunas regiones, como la del Golfo, que tienen escasez de alimentos, deberían invertir en agricultura. Y, ya que EE.UU. es el mayor productor agropecuario del mundo, los árabes deberían adquirir campos en Wisconsin y los estadounidenses asegurarse el petróleo mandando equipos de tejanos a Riad. Pero en la práctica existen numerosos controles a las inversiones que impiden que los árabes compren campos en Wisconsin y que los estadounidenses adquieran pozos de petróleo. Además, la desconfianza mutua está aumentando.
Los que crean que los problemas de esta década se reducen a la crisis del crédito están muy equivocados. Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que la soja puede llegar a producir un efecto tan doloroso como el de la debacle de las hipotecas de alto riesgo.