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Realeza y dinero siempre ha sido un matrimonio glamoroso. Sin embargo, hasta ahora, lo más próximo que tuvimos los argentinos a una monarquía fue la telúrica vocación de mando sultánico de “Carlos Saúl I” o la vigente “dinastía política de los Kirchner”. Eso hasta la aparición en escena de la princesa heredera Máxima Zorreguieta, legítima aspirante al trono de los Orange de Holanda y, probablemente una de las asalariadas de bandera argentina más ricas del mundo. Porque a pesar del jadeante esfuerzo del gremialismo con Moyano a la cabeza, ser asalariado en la Argentina aún dista mucho de ser un buen negocio. Claro que todo recupera su tonalidad sonrosada si el que firma el comprobante de sueldo es el Estado holandés, máxime si donde dice “cargo a desempeñar” va (y en holandés en el original): “princesa heredera”.
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