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n Con la promesa de “profundizar el cambio”, Cristina Fernández llegó a la máxima postulación a la que podría aspirar un político de la mano de su marido, el presidente Néstor Kirchner. Esta abogada recibida en la Universidad Nacional de La Plata, que militó en la izquierda peronista en los ‘70 donde conoció a su esposo, forjó su carrera política en el Parlamento, adonde llegó en 1995. Antes había sido legisladora en la Cámara de Diputados de Santa Cruz, mientras Kirchner gobernaba esa provincia, y convencional constituyente en la Asamblea que reformó la Constitución en 1994. En el Congreso, Cristina se hizo conocida por su duro carácter, sus vehementes intervenciones en el recinto y discurso elocuente, pero también por su obsesivo cuidado estético, su costoso vestuario y excesivo maquillaje. En los años ‘90, CFK, quien hoy se autodefine como “progresista”, presidió la Comisión Bicameral de Seguimiento del Atentado a la embajada y la AMIA y su enfrentamiento con el menemismo la llevó a ser marginada del bloque de diputados del PJ, donde permaneció como “disidente”. También integró la Comisión Antilavado junto a Elisa Carrió, con quien se enfrentó –según testigos –por un tema de cartel, pese a haber sido compañeras de ruta en la causa antimenemista. Pero esa imagen de legisladora díscola la archivó el 25 de mayo de 2003, el mismo día que se convirtió en primera dama. “Yo no soy la recluta Fernández” le había gritado alguna vez a Augusto Alasino desde su banca en una de sus antológicas peleas. Pero en 2005, cuando se cocinaba su candidatura por la Provincia, se la escuchó decir: “soy un soldado de Kirchner”. Desde la titularidad de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, Cristina impulsó los cambios en la Corte Suprema y en el Consejo de la Magistratura, y también defendió a capa y espada la polémica cesión de superpoderes para el jefe de Gabinete y la reglamentación de los DNU. En 2005 fue electa senadora por la provincia de Buenos Aires –aunque mantuvo su domicilio en Santa Cruz–, tras enfrentar al duhaldismo y quebrar el poder territorial de Eduardo Duhalde. Más cordial y abierta que su esposo en los modos de relacionarse con el mundo y el empresariado, Cristina, favorita en todas las encuestas, prometió convocar a un Pacto Social para consolidar el actual modelo económico si es electa el 28.