n A pesar de que algunos legisladores oficialistas se refieren a que la caída de las escrituras como una buena señal, desde que el Gobierno nacional puso sus esfuerzos en pesificar compulsivamente un mercado dolarizado, la compra y venta de viviendas a estrenar se desplomó mes a mes. El negocio de los ladrillos cerró 2012 con una caída del 14,4%, según el último relevamiento divulgado a mediados de febrero pasado por el Colegio de Escribanos de Buenos Aires. El trabajo identificó al año pasado como un período que obtuvo, incluso, peores resultados que 2001, cuando la crisis destrozó la economía argentina. Y en el arranque de 2013 la tendencia se profundizó. En lo que va del año, cayó 30% la venta de inmuebles en Capital Federal.

Y en ciudades como Rosario y Córdoba ya casi no existen las operaciones que venían del excedente de la soja con sus precios internacionales récords.

Pero la pesificación compulsiva fue una primera parte de la crisis de que hoy está viviendo este negocio. El golpe de gracia que obligó a un fuerte replanteo del sector fue el corralito cambiario que impide a los vendedores obtener esos billetes por la operación.

En este contexto, la única salida que quedó para las constructoras es que, como en el imaginario de los argentinos los ladrillos siguen siendo una opción de ahorro, empezaron a ofrecer las propiedades que se están construyendo o se están por construir financiado y en moneda nacional.