Qué pueden aprender los CEOs del Papa

El Sumo Pontífice irrumpió como nuevo influencer global con carisma e ideas sencillas pero claras, que apelan al sentido común y a la acción. Para los expertos, su estilo de liderazgo y su primer acercamiento a las dificultades que enfrenta la Iglesia como su máximo jefe pueden ser tomados como lecciones por dirigentes de empresas. Aquí, algunas de ellas.

Cuando el cardenal Jorge Bergoglio se transformó en el Papa Francisco, varios bloggers y columnistas de los Estados Unidos comenzaron a compararlo con otros líderes y CEOs célebres, uno de ellos, el creador de Apple, Steve Jobs, quien, según una encuesta de PwC a 1.400 ejecutivos de 68 países, es el segundo líder más admirado de la Tierra (ver página VI). En esa encuesta, nadie votó a Bergoglio, aunque la misma se hizo en el último trimestre de 2012, mientras el ahora Papa ayudaba en el almuerzo de Navidad que la Comunidad de San Egidio organiza en Buenos Aires para las personas en situación de calle y era casi un anónimo para los habitantes del globo.


En varias opiniones florecientes en la red, el creador del iPhone y Francisco comparten una condición: el culto a la simpleza. En un país, en donde los CEOs son considerados rockstars y la exuberancia es permitida entre los bendecidos por el dinero, el convencional blue jean y la polera negra de cuello alto de Jobs aparecen como un gesto de austeridad semejante al despojo que hizo Francisco de los zapatos rojos y el despinte de la cruz dorada de sus antecesores.


Sin embargo, según la perspectiva que el analista político Rosendo Fraga hace de Francisco, pareciera que el uno con el otro encarnan una concepción antagónica de la lógica capitalista. Va a ser un papa muy duro con el consumo, es la clave de todo, dijo el director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, durante el Congreso Económico Argentino.


La relación entre los CEOs y el papa del fin del mundo no se termina en la dicotomía Jobs-Bergoglio, sino que, para analistas, académicos y expertos consultados por Management, el segundo ya se apresta a convertirse en un catedrático para los primeros, no sólo por su pensamiento empezando por el poder es servicio- sino por el liderazgo activo que está encarnando el nuevo Pontífice.


En principio, Francisco encarna una lógica de liderazgo heredada de la Orden de la Compañía de Jesús, a la que pertenece. Los Jesuitas basan la sustancia del liderazgo en cuatro valores: el conocimiento de sí mismo, ingenio, amor y heroísmo, según describe Chris Lowney, un ex sacerdote de la orden, devenido ejecutivo del banco JP Morgan, en su libro El liderazgo al estilo de los jesuitas. Sobre esa base, dicen los analistas, es que se sostiene en liderazgo del actual Papa.

Cuestión de valores

Gabriel Aramouni, director del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés, considera que el liderazgo particular del Papa Francisco se asienta en una conjunción de factores clave bien definidos: la sencillez, la simplicidad, la sinceridad, la seriedad y trayectoria, la credibilidad, la prudencia y el testimonio personal, define de entrada, y añade: Estos son valores muy apreciados, que generan impacto positivo y es lo que la gente desea percibir de sus líderes para que pueda seguirlos, para generar esa corriente de confianza recíproca que es la que en definitiva permite impulsar los cambios que las empresas y la sociedad toda requieren.

Acción y emoción

La combinación de carisma y optimismo, con mensajes bien claros y de sentido común, en la opinión de Aramouni, puede servir como lección para los CEOs, ya que se espera de los líderes palabras claras, sentido común, coraje para la acción, firmeza en los principios y caridad para contemplar las diferencias. En esta línea, dice que la confianza, la credibilidad y el propio testimonio personal son los motores del cambio que un líder debe exhibir para promover en sus equipos las actitudes personales que generen un cambio individual.


Sea una cuestión religiosa o espiritual, la convocatoria de Francisco al cambio interior antes de ir la acción puede ser tomada por los dirigentes, ya que, según el académico, el mejor cambio organizacional comienza con el cambio personal, con el cambio del corazón, que es lo que luego puede hacer que se modifiquen estructuras y conductas.


Por su parte, Angel Castiñeira, director de la Cátedra Liderazgos y Gobernanza Democrática de Esade Business School, coincide en que el mensaje implícito (del Papa) es de renovación y que, al menos a juzgar por sus primeras acciones, se pueden aprender más cosas de sus actitudes que con valores: proximidad, autenticidad, espontaneidad, sencillez y calidez humana, rasgos claramente detectables en sus primeros pasos en público.


Castiñeira, quien también es director del PMD del campus Buenos Aires de Esade, va más allá, y dice que si le damos la vuelta al calcetín a la exhortación del papa para combatir la pobreza, los empresarios podrían verse convocados a la acción, aunque con una sutil diferencia: El objetivo del buen empresario no es combatir la pobreza sino generar riqueza para que ésta revierta en la comunidad de manera justa. La responsabilidad social primera de las empresas es esa o debería ser esa.

Una nueva conciencia

La humildad con la que irrumpió Francisco tras el habemus papam es parte de una conciencia en los negocios que se expande en muchas corporaciones a nivel global y que se plasma en los valores y Derechos Humanos entre los líderes. Así lo consideran Bárbara Licciardi y Carolina Brinusio, fundadoras de DOS, una consultora de Recursos Humanos que se ampara en los valores para incrementar el capital humano. Consideramos que hay un quiebre, un cambio de paradigma en la vida y en los negocios y en la religión, dice Brinusio. Licciardi dice que tener la humildad como líder, de generar una nueva conciencia en los negocios y dentro de los equipos de trabajo, hace que no haya que destruir para construir, ni empezar siempre de cero, sino que la propuesta es trabajar codo a codo y con una visión de inclusión.
Pedro Ylarri

Pontífice interactivo

El acto de Bergoglio de presentarse con mero obispo de Roma y de pedir la bendición del pueblo antes de dar la suya, no sólo es, para académicos consultados, considerado un acto de humildad, sino de escucha, de interacción e ida y vuelta. Un paradigma que se instala en tiempos de redes sociales, en el que el feedback a los stakeholders es crucial. Bárbara Licciardi, de DOS, dice que la humildad, para los CEOs, permite incorporar nuevos procesos, tener en cuenta a los equipos de trabajo y generar espacios de escucha profunda, que terminan siendo herramientas para el cambio.

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