Para qué sirve la internet de las Cosas

Cada día se suman ejemplos de cómo los objetos pueden conectarse entre sí para optimizar tareas. La meta: mejorar la calidad de vida. El proceso exige innovación, que puede provenir de cualquier industria y sector. Las claves.

Un corpiño que tweetea. Una panza artificial, para que papá sienta las pataditas del bebé, que está en la panza de su mamá. Un traje de bombero que reconoce los tipos de gases que hay en un incendio. Un televisor que cambia de canal, sube o baja el volumen porque se lo ordenamos con la voz. Una heladera que avisa cuando llegó el momento de comprar huevos.
La Internet de las Cosas, comienza a ser una realidad. Se trata de aparatos dotados de sensores que, a través de tecnologías de red, pueden impartir órdenes a otros equipos o responder a ellas. Desde hace al menos cinco años, se escucha hablar de Internet de las Cosas. Pero, en todo este tiempo resultaba difícil encontrar aplicaciones sencillas de entender, de fácil uso en la vida cotidiana. Recién en estos tiempos las tecnologías de red y el poder de procesamiento alcanzaron un estado de madurez que hace posible implementar el concepto de forma concreta tanto para privados como en el mundo de la empresa. Una de las bases es que casi todo el mundo está conectado, al menos a través del teléfono móvil: según la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), al final de 2013, habría 6.800 millones de celulares en el mundo, sobre un total de 7.200 millones de habitantes. Eso permite pensar en que, para que la industria siga avanzando, la conexión entre los objetos se hace necesaria.

Innovación desde cualquier espacio
Un factor no menor, que impulsa la evolución de esta tecnología, es que las innovaciones no provienen necesariamente del mundo de los bits y bytes. Alcanza con revisar los ejemplos mencionados al principio.
En Grecia, Nestlé, a través de su unidad de negocios Fitness, desarrolló una campaña de concientización para que las mujeres se realicen el autoexamen mamario. Para ello, creó un corpiño dotado de sensores que, cuando deja de estar en contacto con el cuerpo, envía una señal a Twitter y, desde ahí, por medio de un tweet recuerda a la dueña de la prenda que se haga el autoexamen mamario. Para ello, no sólo se pensó en el corpiño sino que también se creó una cuenta en la red social, @TweetingBra. Allí, se pueden ver los mensajes referidos al tema. La campaña fue desarrollada por la filial griega de OgilvyOne, la unidad de márketing interactivo de la agencia de publicidad Ogilvy. La firma fue también la responsable, en la Argentina, de crear una panza artificial para que los papás puedan sentir las pataditas de sus hijos que crecen en el vientre de su mamá, como parte de una promoción de uno de sus clientes, Huggies.
Internet tiene el potencial de reformar nuestra economía y transformar profundamente sectores clave de ella. La pregunta es quién estará a la vanguardia y ganará en esta nueva economía, sostuvo recientemente Rob Lloyd, presidente de Desarrollo y Ventas de Cisco.
Cuán lejos podría llegar esta tecnología, lo muestra la fabricante de preservativos Durex. En Australia, creó, de la mano de la agencia de marketing Frank, una prueba piloto de Durex Fundawear. Se trata de una aplicación móvil para sensores que conectados a la ropa interior, le permitiría a las parejas tener sexo a distancia.
Si bien estas experiencias hoy todavía se concentran en iniciativas promocionales, varios son los ejemplos que ya permiten aplicaciones concretas para la vida real.

Mejoras en la calidad de vida
En España, la Generalitat de Cataluña presentó, hace más de un año, junto con Telefónica, un proyecto para dotar de sensores a los trajes de los bomberos para que detecten los diferentes tipos de gases que hay en un entorno de siniestro. Se trata de un sistema que funciona sobre lo que, para muchos, representa el corazón de la Internet de las Cosas: la comunicación M2Mo máquina a máquina. El proyecto, denominado @textil, se basa a en tecnología Arduino, una plataforma de electrónica abierta, que, bajo los conceptos de hardware y software libre, permite crear bajo la premisa de desarrollo colaborativo.
Así, al ingresar a una zona de fuego, los sensores, ubicados en el traje del bombero, detectan a qué tipo de gases o alcoholes peligrosos se expon su usuario. Los sensores mandan una señal, a través de las redes 3G, al centro de control. También pueden grabar videos y enviarlo del mismo modo. Así, el bombero puede recibir instrucciones precisas y ayuda remota. En una segunda fase, se prevé que incorpore la capacidad de detectar radioactividad, además de poder aplicarse a otros equipos de emergencias de sectores como la energía o la química, entre otros.
A diferencia de los casos anteriores, este proyecto es desarrollado con colaboración de una empresa de telecomunicaciones, donde la tecnología forma parte de su negocio.
Una iniciativa similar presentó a mitad de este año el Centro de Investigación Aplicada Tecnalia y la Fundación Sueskola, en Ordizia, un municipio del País Vasco, mediante el cual el traje de bombero, además de tener sensores para monitorear el entorno, cuenta con sensores adicionales, que permiten controlar el estado de salud del profesional. Detecta su ritmo cardíaco, su respiración y su temperatura corporal. Esto ayuda a prevenir una situación de golpe de calor. Se suma un equipo de respiración autónoma, que informa automáticamente sobre la cantidad de aire disponible en la botella y vigila la temperatura exterior, al tiempo que informa y emite alertas de sonido.
La Internet de las Cosas no consiste en una sola tecnología sino que se trata de muchas. Tiene el potencial de transformar la forma en que vivimos y hacemos negocios. Su ciclo de crecimiento y maduración puede llevar de dos a 10 años, comenta Alejandro Girardotti, gerente de Producto de Datos e Internet de Level 3 y agrega: En la actualidad, podemos ver muchos ejemplos de Internet de las Cosas, como parte de nuestra vida diaria: sensores corporales aplicados a la salud, automatización del hogar y aplicaciones para ciudades inteligentes, entre otras.
El papel de las redes en este punto es crucial. Porque es lo que habilita el acceso y la adopción de estas nuevas tecnologías. En el mundo actual, es la ubicuidad lo que mide el acceso universal a los servicios digitales y aplicaciones de consumidores y empresas. Las tecnologías más profundas son las que desaparecen, ya que se tejen en la maraña de la vida cotidiana sin distinguirse, explica Alicia Bañuelos, doctora en Física, tecnóloga, especializada en el diseño de programas de inclusión digital. La especialista sostiene que la digitalización multiplica los beneficios de la conectividad. Genera tres veces más beneficios económicos que la penetración de la banda ancha y contribuye, positivamente, a la creación de empleo. Los países en fase de digitalización avanzada tienen un 20% más de beneficios económicos que los países que se encuentran al inicio del proceso, sostiene.

El control remoto soy yo
Los mortales comunes y corrientes también pueden comenzar a entender en qué consiste la Internet de las Cosas, con un aparato de uso diario, el televisor. En la Argentina, ya se comercializan televisores con sensores que reciben instrucciones de sus dueños, mediante la voz, para que cambie de canal, suba o baje el volumen y demás operaciones. Los controles no son sólo por voz, sino que también incorporan el movimiento y el reconocimiento facial. Entre ellos, hay modelos que, por ejemplo, permiten ampliar una imagen, que se ve en el televisor, con un gesto realizado por ambas manos, en una situación similar a la que se realiza con los smartphones o tablets, pero sin tocar la pantalla. También permite agregar un Me Gusta, en un comentario de Facebook, con sólo levantar el dedo pulgar.
El ejemplo de la heladera, que avisa cuando falta algún producto, es similar. Whirlpool tiene un prototipo de este modelo en la Argentina: la Whirlpool Connect cuenta con una pantalla interactiva y aplicaciones para conectarla con el celular. Entre sus aplicaciones, se encuentra una Lista de Compras, que arma, justamente, el pedido que suele hacerse al supermercado y cuando detecta que faltan algunos de esos productos mnda un mensaje al celular. Otra función incorporada se llama Smart Stock, que detecta y da aviso a través de una pantalla sobre los productos próximos a vencer.
Como se advierte, la Internet de las Cosas depende del poder de transmisión de datos. Ello evidencia un punto no menor para la Argentina (ver aparte), donde la infraestructura en este ámbito está lejos de estar actualizada.

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