

Por invitación de un amigo vía mail una persona se conecta en Facebook. Es un usuario que apenas utiliza Internet para chequear mails y navegar por algunos sitios. De repente, recibe una solicitud de conexión de amigos, parientes, compañeros de trabajo, de estudio. Cuando revisa las solicitudes aceptadas tiene más de 100. Una semana más tarde se encuentra con 27 compañeros de la secundaria que no veía desde el colegio. Gracias a la tecnología y los nuevos hábitos, un grupo de amigos vuelve a reunirse. La anecdota no es una excepción. Hay miles de ejemplos de personas que vuelven a tomar contacto gracias a la nueva Internet, denominada también la Web 2.0.
En este paso evolutivo de la red, la participación ha girado 180°. Hoy, el internauta ya no es un lector pasivo de los contenidos, es un participante activo de lo que sucede. Pasamos de una forma de interacción limitada y con contenidos que presentaban un grupo muy reducido de empresas, instituciones y gobiernos a un contexto completamente diferente.
Por un lado, las páginas, en general, permiten opiniones de sus usuarios; por el otro, la oferta de espacios donde cada uno puede armar su propio sitio es interminable (blogs, wikis, información personal y fotos) y disponible para millones de personas y micro empresas. Gracias a los portales de compra y venta de productos y servicios existe una gran cantidad de emprendimientos que viven exclusivamente de los ingresos generados en estos sites. Lo particular de esta situación es la disponibilidad de información. Tomemos como ejemplo la compra de una máquina fotográfica digital. Un consumidor podría acercarse a dos o tres locales de electrodomésticos, conocer modelos, precios y, luego, elegir. Ahora, vía Internet, el proceso de compra será mucho más rico. Podrá conocer los últimos modelos, los próximos lanzamientos, características técnicas y consultar no sólo a las empresas proveedoras sino también a otros usuarios. Conocerá el precio en diferentes mercados del mundo y, comparar con los valores locales. Todo, sin moverse de su PC.
Abanico de posibilidades
Otro punto no menor que tiene una implicancia muy diferente a lo mencionado: los usos y costumbres de los consumidores. Si bien existen innumerables posibilidades, no a todos les agrada leer el diario, pagar impuestos o hacer compras por Internet. Es decir, la tecnología está disponible pero el hábito no está incorporado. Si bien la tendencia es ir hacia una sociedad digital, queda un largo camino por recorrer que tal vez tenga una explicación más generacional que tecnológica.
Cuando hace un siglo atrás el hombre imaginaba la manera de comunicarse, la idea era que las personas lograran trasladarse con rapidez. La realidad actual hace que los medios de comunicación sean los artífices de estos viajes sin necesidad de traslado físico.
La tecnología permite un abanico inmenso de posibilidades. El tema es decidir cuánto estamos dispuestos a aceptarlo. Un ejemplo: las transacciones bancarias online aún tienen detractores y muchas personas prefieren acercarse a una sucursal a la hora de realizar los trámites. Esto indica que no sólo es un tema del estado de la tecnología, sino de la relación entre el hombre, sus costumbres y posibilidades. Tenemos más alternativas a nuestro alcance que lo que nuestra mente puede aceptar. El trabajo remoto es más un impedimento de la dirección de las empresas, y de los procedimientos que esto conlleva, que una cuestión tecnológica. Los mecanismos de comunicación son inmensos (VoIP, chats, trabajo colaborativo en línea, entre otros), pero el contacto personal todavía tiene un peso muy grande en nuestra cultura. Si bien los cambios tecnológicos avanzan rápido y los seres humanos podemos adaptarnos más rápidamente, el cambio opera cuando una masa crítica de personas logra incorporarlo. Esto, hoy por hoy, es más lento que el avance tecnológico.










