

El Ejecutivo turco trató de aplacar la ira popular de los últimos días al ofrecer una disculpa por los excesos policiales cometidos al inicio de las protestas antigubernamentales, que duran ya cinco días y que han dejado dos muertos y más de dos mil heridos. "Pido disculpas a aquellos (manifestantes) con sensibilidad medioambiental por la violencia policial usada al comienzo. Pero no tenemos disculpas para los violentos de las calles", declaró el viceprimer ministro, Bülent Arinç, en una rueda de prensa en Ankara.
El mandatario se refirió al desalojo violento en la madrugada del viernes de quienes protestaban contra una remodelación urbanística que prevé plantar un centro comercial en uno de los escasos parques de Estambul.
"La exagerada violencia de la policía al comienzo de los incidentes en el parque provocó una reacción", declaró Arinc, aunque matizó que nada justifica agredir a las fuerzas de seguridad. Sus palabras contrastan con las del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, que calificó a los manifestantes de ‘extremistas‘ e incluso insinuó que servicios secretos extranjeros podían estar detrás de las protestas. Aún así, Arinc coincidió con el jefe de Gobierno en criticar a la prensa extranjera por dar una imagen distorsionada de lo que sucede en el país y a las redes sociales por ayudar a organizar las protestas. "Los países extranjeros hacen eso para debilitar el poder de Turquía y su éxito económico", opinó el viceprimer ministro.
Las disculpas del Gobierno no parecen que vayan a apaciguar a los miles de manifestantes que siguen en el parque Gezi, en un ambiente festivo con proclamas y cantos, y que demandan la dimisión de Erdogan: "Gobierno dimisión" y "Codo con codo contra el fascismo" son dos de los lemas que más se repiten en las marchas.
En las calles aledañas a la plaza de Taksim y en el barrio de Besiktas siguen en pie decenas de barricadas levantadas para impedir la llegadas de vehículos cisterna con cañones de agua a presión. Las protestas hasta ahora han dejado dos muertos, el último cerca de la medianoche del lunes en la provincia suroccidental de Hatay. Además hay unos 2.700 heridos, cinco de ellos en estado crítico, según datos hospitalarios.
En términos económicos, hay una estimación de los daños materiales, que ascienden a más de 30 millones de euros.













