

En medio de los renovados temores por la crisis de deuda en la eurozona, este domingo se celebrarán dos elecciones cruciales para el futuro político y económico de Europa. Los comicios legislativos anticipados en Grecia, los primeros desde que comenzó la crisis financiera, podrían traducirse en un voto de protesta contra la austeridad y los partidos que la aplican. Pero más determinante aún será la segunda vuelta en Francia, donde por primera vez en 17 años el socialismo se prepara para volver al poder, también bajo la bandera del no solo ajuste en la UE. Se trata, en definitiva, de dos elecciones que de algún modo plebiscitarán si Europa debe continuar el rumbo marcado por Alemania ante la crisis o torcerlo.
En Francia, todo indica que los votantes darán la espalda a Nicolas Sarkozy, el actual presidente de centroderecha que flanqueó a Angela Merkel en su cruzada por el pacto fiscal europeo. El candidato socialista François Hollande se ha transformado en la voz cantante de aquellos que en el bloque piden reveer la estrategia para salir de la crisis, o bien prepararse a una nueva recesión. Partidario de renegociar el pacto fiscal para incluir medidas de crecimiento, los sondeos indican que Hollande se impondrá el domingo por al menos ocho puntos, un resultado que inquieta a los mercados por sus implicancias: una posible rebelión generalizada en el bloque contra el rigor presupuestario y, como si fuera poco, un revés a Merkel, la mujer fuerte de Europa.
El castigo a Sarkozy es claro. Pese a ser la segunda mayor economía europea, el país carga con un débil crecimiento que amenaza las metas de déficit, un amplio rojo comercial, un desempleo que roza el 10% y frágiles finanzas públicas que llevaron a Standard & Poors a recortar su calificación triple A en enero. A eso se suma el rechazo que genera en los franceses el estilo showman de Sarkozy, un hastío que el sobrio Hollande ha capitalizado bien.
En tanto Grecia, el primer país en recibir el rescate financiero internacional, llega a las elecciones del próximo domingo en el momento de mayor tensión social, política y económica de los últimos años y el voto de protesta contra los programas de ajuste estarán a la orden del día, aunque en medio de una gran dispersión del voto.
El gobierno de coalición comandado por el tecnócrata Lukas Papademos llega a su término luego de haber ejecutado el más grande proceso de reestructuración de deuda de Europa con un canje de 100 millones de euros y un recorte del 75% del valor de los bonos a tenedores privados. Así lograron llevar la deuda de un 165% del PBI a un 120%, pero debieron aceptar un severo plan de ajuste a pedido de sus prestamistas de Europa. Es en este contexto que el parlamento griego deberá conformar un nuevo gobierno.
Según vaticinan los sondeos el voto será muy disperso y ninguno de los candidatos obtendría la mayoría para acceder al poder. Los dos partidos tradicionales, el socialista Pasok, que presenta a Evánguelos Venizelos y que cuenta con un 15% de intención de voto, y el conservador Nueva Democracia, que lleva como candidato a Antonis Samarás y que sumaría entre el 20 y el 25%, tendrían el peor desempeño de su historia como binomio electoral.
Ambos partidos prometieron respetar el acuerdo firmado con la Troika europea (FMI, BCE y UE), que visitará el país a fines de mayo, despedir a 150.000 funcionarios públicos y ejecutar un recorte de 11.000 millones de euros del gasto público en el mes de junio.
En este contexto, sumado a un desempleo récord del 21%, no es de extrañar que por izquierda y por derecha afloren nuevos protagonistas. Tres partidos de extrema derecha amenazan con llevarse un 20% (incluido un partido nazi que obtendría un 5%). En tanto los partidos de izquierda sumados, aunque irreconciliablemente divididos, alcanzarían otro 30%.











