

El crimen y la violencia tienen un fuerte impacto económico en América Latina y el Caribe, según un conjunto de estudios encargados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
En Brasil, por ejemplo, un mayor sentido de inseguridad reduce el valor de las rentas que perciben las viviendas en las zonas urbanas, agregando u$s 13.000 millones al valor de las propiedades.
En México, el aumento del 1% en el número de homicidios tiene como consecuencia la caída del 1,8 % del precio de mercado de las viviendas. En Uruguay, el costo económico de la violencia alcanza unos US$1.200 millones al año, lo que equivale al 3,1 por ciento del PIB.
La violencia y el crimen constituyen la mayor preocupación de las poblaciones de América Latina y el Caribe, superando otros temas como el empleo y la salud. La región padece tasas de homicidios y delitos que están entre las más altas del mundo y el nivel de confianza en las instituciones públicas como la policía está entre las más bajas.
En Uruguay, la consecuencia del crimen suma US$319 millones, e incluyen los costos de la propiedad robada, de la oportunidad del tiempo en prisión, de los homicidios, y los costos intangibles de víctimas de otros crímenes.
Otro estudio pone foco en los problemas de la delincuencia juvenil. En Colombia, los jóvenes que son capturados y enjuiciados tienen hasta un 15% menos de probabilidades de acudir al sistema de educación formal, lo que representa 0,9 menos años de educación.













