Néstor Kirchner justificó la existencia de retenciones a las exportaciones agropecuarias para preservar los precios de los alimentos, y advirtió que de no existir esta herramienta nos puede pasar como a los países vecinos, por ejemplo Uruguay, donde todo es más caro. ¿Es realmente así? Veamos un rápido relevamiento con algunos productos de la canasta básica tomados al azar. Los precios de ambos países están expresados en la moneda argentina. Artículo Precio Argentina Precio Uruguay Aceite maíz $ 8,50 $ 8,50 Harina $ 2 $ 4 Arroz $ 3 $ 4 Fideos 500gr $ 3 $ 3,90 Asado kilo $ 15 $ 9 Milanesa kilo $ 18 $ 18 Pollo kilo $ 6,50 $ 6 Pan lacteado $ 5,40 $ 6,90 Azúcar $ 2,50 $ 2,20 Manteca 200gr $ 3,90 $ 4,50 Leche larga vida $ 2,80 $ 3,90
Primera constatación: los precios no son más altos en Uruguay que en Argentina, sino que se asimilan bastante, y en rubros como la carne están por debajo. Además, las relaciones de precios entre ambos países no han variado sustancialmente desde que aquí se incrementaron las retenciones.
¿Por qué ocurre esta situación que contradice el discurso oficial? El tema que Kirchner parece no comprender cabalmente es qué es lo que finalmente determina que un país sea más “barato” que otro. Y las retenciones juegan un rol bastante menor y de corto plazo al respecto.
Mucho más importante es el tipo de cambio de equilibrio: en países donde el valor de la moneda es relativamente alto, el promedio de los precios tiende a ser más bajo (porque todos los productos tienen un componente de costo de servicios que será menor). Eso explica, por ejemplo, por qué históricamente Brasil fue un país que a los argentinos les resultó tan barato.
Si se compara la situación del tipo de cambio real de Uruguay y Argentina, se entiende por qué los precios son tan parecidos (a pesar de las retenciones). Hasta 2004 la cotización del dólar era similar en ambos países (30 pesos y 3 pesos, respectivamente). A partir de allí Uruguay dejó apreciar su moneda hasta una relación de 19 pesos por dólar, mientras que Argentina sostuvo la cotizacióin del dólar en torno a $ 3. En ese período, la inflación acumulada en Uruguay fue 35 por ciento, y en Argentina un 70 por ciento.
O sea: considerando el efecto de la inflación, es como si el dólar hubiese caído a $ 1,75 en Argentina y a $ 15 en Uruguay. Con niveles de tipo de cambio real tan parecidos, los precios de la economía inevitablemente van a ser parecidos. Pero si la Argentina hubiese sido capaz de mantener su tipo de cambio tan alto como en 2004 (o, dicho en otras palabras, si no hubiese tenido la inflación que tuvo), los precios serían mucho más bajos aquí que en la vecina orilla, sin importar el tema retenciones.
El error del gobierno es creer que las retenciones pueden modificar la cuestión de fondo, que es el tipo de cambio de equilibrio de la economía. Y esa variable sólo se modifica si cambia radicalmente la composición de las exportaciones. Cuanto más diversificadas sean las exportaciones, el tipo de cambio reflejará con mayor exactitud la verdadera productividad de la economía. Pero si el 25% de las exportaciones es soja, la moneda local indefectiblamente se apreciará, reflejando una alta productividad (la de la soja) que el resto del país no tiene. En consecuencia, los precios (medidos en dólares) se van a encarecer sin que los salarios logren superarlos.
Para que las retenciones cumplan el objetivo que Kirchner proclama (el abaratamiento de los precios internos), los fondos no tienen que usarse para gasto corriente, sino para fomentar la diversificación de exportaciones. Así lo hicieron muchos países a los que hoy les va bien. Pero claro, es algo que cuesta mucho trabajo. |