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Setentistas y noventistas: ¿a qué le teme Lavagna?

La puja distributiva y las presiones sobre el gasto inquietan el ministro en un año electoral. Mientras, la inflación sigue acechando al modelo K. Cuáles son las claves de la segunda mitad del año

Roberto Lavagna es un ministro que se caracteriza por su cintura política. Tal vez como ningún otro funcionario que haya pasado por el Palacio de Hacienda. Entonces, ¿qué ocurrió el lunes cuando sorpresivamente fustigó las políticas de los setenta y los noventa? ¿Perdió Lavagna su buen timing político?

La respuesta es, todo lo contrario. El ministro demostró que inclusive se puede dar el lujo de marcar indirectamente errores al Gobierno de Néstor Kirchner siendo parte de la propia administración K. Una jugada de la que pocos salen ilesos.

Pero como la reacción de Lavagna no fue antojadiza, la pregunta es obvia ¿a qué le teme el ministro? A las amenazas que acechan en la segunda mitad del año. Y sabe que el momento para marcar éstos errores es en épocas de bonanza, como la actual.

Sin dudas el tema que más lo irrita es la puja distributiva y el hecho de que el Gobierno anhela continuar en algún momento con los aumentos de salarios y jubilaciones discrecionales. A pocos meses de las elecciones, ésta es la parte del “populismo setentista” que Lavagna aborrece. Sobre todo cuando la productividad parece estar amesetándose al compás de la ausencia de inversiones.

Para Lavagna existen dos aspectos de la política económica que no se negocian: el superávit fiscal y el tipo de cambio competitivo. Sobre el primero hoy se ciernen la sombra de aumento del gasto público y presiones salariales. Es cierto: la recaudación seguramente continuará subiendo, pero a menor ritmo. Vale recordar que en 1987 Lavagna se fue dando un portazo del entonces equipo económico (era secretario de industria), despotricando contra el festival de bonos con el que el gobierno de Alfonsín buscaba financiar el déficit fiscal.

El otro pilar del plan de Lavagna es el tipo de cambio, variable que cada vez el Banco Central sostiene con mayor dificultad. Aquí el riesgo es un rebrote inflacionario que pese a los buenos números de abril (0,5%) sigue latente. Cada punto adicional de inflación equivale a 120 mil nuevos pobres, algo difícil de digerir en un año electoral.

Para Lavagna es vital mantener un peso depreciado en momentos en que las exportaciones comienzan a reaccionar por primera vez desde la devaluación. ¿El riesgo? que Brasil se frene y en consecuencia se incremente la invasión de productos de ese país.

Ayer el ministro del Interior, Aníbal Fernández buscó bajarle el tono a las declaraciones de Lavagna. “El Presidente no está estancado en una década determinada, tiene una visión dinámica”, dijo. Por su parte, Aldo Ferrer (quien tuvo como asesor a Lavagna cuando era ministro en los setenta) destacó que la actual “política económica se caracteriza por haber recuperado la gobernabilidad, a través de la solvencia fiscal y un tipo de cambio competitivo”.

Ver Editorial, (Pág. 12)