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Martes 30.09.2014 | 07:10
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Pedro Ranieri, el mayor fabricante argentino de anteojos, planea tener una planta propia fuera del país, nada menos que en China. A diferencia de la mayoría de las empresas del sector, que diseñan y desarrollan localmente los armazones, pero los envían a producir a plantas de terceros en Oriente, Ranieri fabrica hasta ahora el 90% de sus productos en su planta bonaerense de San Martín.

“En tres meses, vamos a abrir una oficina en Hong Kong, asociados con un grupo italiano que diseña anteojos. Hay materias primas que acá no se consiguen y cuesta mucho importarlas. En principio, vamos a trabajar con tres empresas de terceros, para semielaborar los armazones allá y terminarlos acá”, cuenta Pedro Ranieri. “Pero ya hablamos con un fabricante chino para comprar parte de su empresa, de 800 empleados, y así empezar a producir en 2007, en una planta propia”, aclara.

El desembarco en China sería para Ranieri uno de los mayores pasos de los tantos dados a lo largo de 32 años, en los que avanzó desde un pequeño lugar prestado a una fábrica propia de 3.700 metros cuadrados, 130 empleados y una facturación de 12 millones de pesos.

“Trabajaba en una pequeña empresa, hasta que decidí independizarme. En 1974, un amigo me prestó un lugar en su casa de San Martín, donde él fabricaba sillas, y empecé a armar mis primeros anteojos, que vendía a mayoristas”, recuerda Ranieri. Pero, como el negocio crecía, el empresario decidió dar el primer gran salto al comprar un terreno y remodelar un antiguo galpón también en San Martín, donde se instaló en 1978.

Mientras decidía dejar a los mayoristas para llegar en forma directa a las ópticas, Ranieri creó Philippe Rosset, su primera marca propia, inspirada en las iniciales de su nombre, aunque con acento francés.

Con el inicio de la fabricación de los anteojos Mango (1989) y la obtención de licencia para John L. Cook (1994) y Vitamina, justo en el momento de mayor esplendor de estas marcas, la producción se disparó.

En la mira internacional

“Permitió que compañías del exterior nos consideraran como un fabricante importante de calidad”, cuenta Ranieri. De hecho, luego comenzó a trabajar como distribuidor de las prestigiosas marcas de las italianas Safilo (Armani, Christian Dior, Gucci, entre otras) y Derigo (Givenchy, Police, Sting), segunda y tercera empresa del sector a nivel mundial.

Al mismo tiempo, estos dos gigantes pusieron sus ojos en su empresa. “En 1997, me propusieron comprar la fábrica”, comenta. Finalmente, ese mismo año Derigo se quedó con el 51% de la firma, aunque no por mucho tiempo. “La crisis fue muy difícil para nosotros. Trabajábamos a un 25% de la capacidad y nuestro socio italiano se asustó al ver cómo la gente saqueaba un camión cargado con carne que había volcado. Quiso cerrar e irse del país”, recuerda.

“Pero lo que para ellos era sólo un negocio, para nosotros era nuestra vida. No podía cerrarla y dejar a todos en la calle. Le compré su parte y, en ese momento (junio de 2002), le dije a mi gente que empezaba la reactivación. Olfateaba que el gran crecimiento estaba por llegar”, comenta el empresario, que trabaja junto a su mujer Valentina y sus tres hijas.

Y no se equivocó. Ya en el segundo semestre de 2002 triplicó sus ventas y, de ahí en más, registró un crecimiento constante. Para poder dar abasto, invirtió $ 750.000 en máquinas alemanas e italianas de última tecnología. Así, logró fabricar 280.000 anteojos en 2005, un 19% más que el año previo (superando el récord de 1998), de los cuales 30.000 se vendieron al exterior. Además de sus marcas propias, Philippe Rosset y Metano, tiene la licencia para fabricar Reef, John L. Cook, Ossira, Wanama y Kosiuko para América latina y, desde fines de 2005, también Wrangler.

Hoy, vende a Chile, Costa Rica, Colombia, Perú, República Dominicana, Brasil, Uruguay y México. Para este año, espera triplicar sus exportaciones, por el aumento de la demanda de México (Ossira y Reef), Perú y Ecuador (Wanama) y Brasil. Por las ventas al exterior, pero también por el mercado interno –llega a más de 2.000 óptica–, espera facturar $ 15 millones este año, frente a los $ 12 millones de 2004, y alcanzar los 330.000 pares de anteojos.

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