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Japón recuerda a sus 16 desaparecidos en Argentina

Un joven nacido en Japón y otros 15 hijos y nietos de la colectividad desaparecieron durante la última dictadura. Una muestra rescata sus historias

“No sigan revolviendo porque les va a pasar algo a ustedes”, mandó a decir un oficial del Ejército a familiares de Jorge Nakamura que buscaban información sobre su paradero. Ex estudiante de Ingeniería y egresado del Colegio Nacional Buenos Aires, el joven se había mudado a una pensión de José León Suárez y trabajaba como operario en una fábrica porque, decía, había que “defender a los obreros”. Había quedado en almorzar con sus padres el domingo 7 de mayo de 1978 pero nunca se presentó. Su rol era ser “correo” entre militantes. El lunes 8 de mayo sus padres lo buscaron en la pensión donde vivía y sólo encontraron un balde con ropa en remojo. Parecía que había salido para volver. Lo último que se supo fue que tenía una cita con una mujer, Cristina, cerca del Congreso. Los dos están desaparecidos.

Además de buscar en los cuarteles, los Nakamura acudieron a la Conferencia Episcopal Argentina y a la Embajada de Japón, su país de origen. Con la firma del cardenal Raúl Primatesta, leyeron la primera respuesta: “la experiencia lleva demostrado que las autoridades eclesiásticas nada pueden lograr”. En la sede diplomática sólo les dijeron que no se involucraban en problemas de política interna del país. Por eso, que 34 años después, esa misma Embajada abra sus puertas a los familiares de las 16 víctimas del proceso militar que tuvo la colectividad japonesa en Argentina es por lo menos un hecho de importancia.

Hermanos y sobrinos, en su mayoría, armaron la muestra. Comenzaron a juntarse hace más de once años en casas de familias de la colectividad.

Dos de las víctimas descendientes de japoneses murieron supuestamente en enfrentamientos armados. Norma Matsuyama también había estudiado en el Colegio Nacional Buenos Aires y cuando la mataron junto a su marido, el 8 de abril de 1977, cursaba el octavo mes de su embarazo. Tres días después desapareció su hermano Luis con su novia Patricia Olivier. Del resto de los desaparecidos de la colectividad, sólo uno es nacido en Japón, Katsuya “Cacho” Higa. El resto son hijos o nietos de japoneses.

Shizuko Kaneshiro era pequeña pero todavía recuerda a su prima planchando la ropa de Ricardo Dakuyaky. Le preguntó aquel día por qué no esperaba a abrir la tintorería para completar la tarea con la plancha industrial. Elena le contestó que Ricardo estaba escondido. Pero un tiempo después se cansó y volvió a la casa tipo chorizo, se instaló en el altillo y allí se quedó. Una noche la patota militar derrumbó la puerta de la casa y los militares se dirigieron directo al altillo. Dakuyaky había estudiado arquitectura en La Plata ya se destacaba como medio scrum titular en la Primera División del Club Rugby San Luis y era, según los periodistas deportivos, un jugador hábil y el de más baja estatura.

El hermano del sociólogo “Cacho” Higa recuerda que la policía se lo llevó el 22 de agosto de 1976 del bar La Paz adonde había ido a jugar al ajedrez después de una volanteada en el centro por el aniversario de la masacre de Trelew.

Sólo de Carlos Guskiken no hay fotos. Paradójicamente,es de los 16, el único cuyos restos fueron encontrados e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.

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