Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Japón no se recuperará sin reformas

El actual crecimiento, basado en el aumento de la inversión privada, no es sólido. El país necesita un mayor superávit de la cuenta corriente y una política monetaria más agresiva

Repunta la economía japonesa. O eso es lo que creen los optimistas. Pero ya observamos otras cortas recuperaciones en 1993, 1997 y 2000. Y ese es un buen motivo para dudar. Hay algo que habla aún más de este crecimiento: se debe mayormente a que Japón no hizo reformas.

La economía disfruta ahora de su séptimo trimestre consecutivo de crecimiento. Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, el PIB de Japón este año subirá 2,7%. En 2004, el crecimiento podría ser de 1,8%.

Las causas más cercanas de este repunte son las tradicionales. En 2002, las exportaciones aumentaron 8,1%. Con importaciones que suben sólo 2% , las exportaciones netas pasan a representar 0,7% del PIB. Esto compensa la caída de la inversión local y genera un modesto crecimiento económico. En 2003, la inversión privada no residencial dio un fuerte salto y para el año se pronostica un alza de 10,3%. Esto se combinó con un aumento de las exportaciones netas de 0,5% del PIB, lo que generó un crecimiento general satisfactorio.

En Tokio, el debate sigue tan dividido como antes entre los que están “del lado de la oferta”, que ponen énfasis en la reforma microeconómica, los del “lado de los bancos”, que recalcan la necesidad de recapitalizar a los bancos, y los del “lado de la demanda”, que a su vez están separados entre monetaristas, que exigen más dinero, y los fiscalistas, que recomiendan mayores déficits fiscales. Pero todos se ponen de acuerdo en dos puntos: primero, en que el sector externo está siendo de gran ayuda y, segundo, que el Banco de Japón pasó, de ser parte del problema, a ser parte de la solución. Bajo su nueva conducción, el banco se comprometió a mantener las tasas de interés en cero y el ablandamiento monetario cuantitativo hasta que la mayoría de los miembros del directorio pronostiquen una inflación superior a cero.

Para poner fin al malestar de Japón es necesario un mayor superávit de la cuenta corriente, y una política monetaria más agresiva para poner fin a la deflación. Además, Japón debe exportar más de su ahorro privado sobrante. Y la OCDE pronostica un importante brecha productiva y presiones deflacionarias hasta el 2005.

Y esas no son los únicos motivos para dudar. Quienes afirman que el país enfrenta desventajas estructurales tienen toda la razón. Sólo que normalmente no las identifican correctamente, porque son más macro que microeconómicas. Entre ellas está el sector corporativo que invierte demasiado. Es por eso que la actual recuperación, que está basada, como siempre, en el aumento de la inversión privada, no es sólida.

La inversión se mantiene alta porque al no haberse reformado el sector corporativo, éste es indiferente a los retornos para los accionistas. Además, calcula mal la rentabilidad, al no comprender las implicancias de la deflación. Cuando hay deflación, las tasas de interés reales son superiores a las nominales. Para un sector corporativo muy endeudado, el retorno sobre el capital cambia abismalmente

Esta recuperación únicamente se debe a que el primer ministro Junichiro Koizumi cambió muy poco las operaciones de las empresas y probablemente su duración sea corta.

En este momento Japón se beneficia de su crecimiento en el exterior y del exitoso manejo de los síntomas locales de su enfermedad. Eso definitivamente es menos doloroso que el tratamiento. Pero Japón sigue tan lejos de su cura como siempre.