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Caso Chabán: el desafío del liderazgo y la institucionalidad democrática

Respetar la división de poderes y los fallos de la Justicia es de vital importancia para la convivencia pacífica, aunque requiera enfrentarse a decisiones impopulares. Es entendible el dolor de los familiares de las víctimas de Cromañón, pero es en esta clase de coyunturas críticas que se mide la altura del liderazgo de un país

Liderar cualquier organización compleja, más aún una provincia o un país, requiere a menudo enfrentarse a decisiones potencialmente impopulares y/o costosas.

Es común encontrar líderes que prefieren ceder a la tentación de postergarlas o de, por lo menos, minimizar las pérdidas eventuales aunque esto implique consecuencias aún más costosas en el mediano y largo plazo.

Los líderes deben preocuparse naturalmente por su supervivencia, no sólo por conveniencia personal, sino porque de ese modo contribuyen a generar entornos más estables y previsibles.

Pero esto de ningún modo justifica decisiones demagógicas o extremadamente complacientes con las demandas de la opinión pública.

En particular, la institucionalidad democrática arrastra en la Argentina viejos y nuevos vicios que afectan tanto su legitimidad como su sustentabilidad. Esto exige actitudes ejemplares por parte de los principales líderes, tanto en el Gobierno como en la oposición.

La lógica de la acumulación de poder a cualquier costo desaconsejaría esta clase de conductas ejemplares. Pero una sociedad moderna y democrática requiere de líderes que tengan el coraje cívico y la visión estratégica como para comprender la naturaleza de los desafíos que involucran a las reglas de juego fundamentales del sistema político.

Aunque un sector importante de la sociedad se oponga, aunque algunos medios de comunicación lo cuestionen, resulta fundamental defender a rajatabla el principio de división de poderes y las decisiones que un cuerpo independiente como el Poder Judicial pueda eventualmente tomar, sobre todo en casos controversiales.

En la medida en que se cumpla con los procedimientos establecidos y se actúe de acuerdo a derecho, resulta extremadamente peligroso que el poder político cuestione públicamente e intente influir en los fallos y dictámenes que pronuncia la Justicia.

Es entendible que el dolor de los familiares y amigos que han perdido en la tragedia ocurrida en el boliche Cromañón a sus seres más queridos les impida advertir la importancia vital que tiene para la convivencia pacífica y civilizada de todos los argentinos el respeto irrestricto del principio de división de poderes.

Sin justificar actos de violencia o agresión a las fuerzas de seguridad, pueden comprenderse algunas reacciones exacerbadas que sólo expresan impotencia y una enorme frustración. Pero es precisamente en esta clase de coyunturas críticas que se mide la altura y las agallas del liderazgo de un país.

Puede optarse por hacer la fácil y sumar más indignación a una sociedad todavía desacostumbrada a que las instituciones como deben. En ese caso, lejos de contribuir a fortalecer el sistema republicano, se profundizaría un problema de larga duración que explica en gran medida la larga decadencia argentina.

Pero puede optarse, por el contrario, por hacer lo correcto y aprovechar estas circunstancias para dar el ejemplo, hacer pedagogía cívica y priorizar el desafío estratégico que implica fortalecer las instituciones.

A pesar de las presiones del entorno y los consejos de los publicistas, sin especulaciones electoralistas ni de corto plazo, un verdadero líder aprovecha las oportunidades críticas para defender los principios y valores fundamentales de la República.

Son esa clase de actitudes las que motorizan el progreso de una Nación.