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Al fin, Kirchner parece gobernar para todos

El presidente Néstor Kirchner envió una muy positiva señal a toda la sociedad y a los distintos movimientos piqueteros que angustian y acosan a todos los argentinos de buena voluntad, quienes comprenden los problemas de los desocupados pero no soportan más sus estilos de protesta que no los dejan transitar cotidianamente por las calles de una Nación que es de todos.

“El camino no es la presión ni la extorsión”, advirtió Kirchner en un reportaje, acercándose a una necesaria posición más equilibrada, que muestre que, como presidente de la Nación, se ubicará por encima de los intereses sectoriales y que gobernará para todos por igual. La señal, de mantenerse y no constituir una ambigüedad para intentar estar con todos los sectores al mismo tiempo, no puede ser menos que bienvenida.

Pero el Presidente avanzó más. En un serio intento por ubicarse por encima de uno de los problemas más graves de la Argentina, Kirchner rechazó tanto a los métodos de protesta que emplean los piqueteros como a quienes reclaman el uso de la fuerza para evitar los cortes de calles y rutas. “El camino es el diálogo”, expresó, señalando también que “la autoridad no es pegar palos indiscriminadamente. En la Argentina cada vez que se pegaron palos, después lloraron mucho los argentinos”, expresó con razón.

Por fin, el primer mandatario diferenció a los piqueteros entre quienes entienden que el desempleo no puede resolverse de un día para el otro y ansían trabajar, de aquellos que utilizan este recurso de lucha como base de sustentación política, refiriéndose explícitamente a los movimientos de la izquierda combativa.

La desocupación es el gran drama que enfrenta el país. En ella está la génesis de los piqueteros, que arrancaron desde una posición entendible, en la medida que pedían trabajo, pero que en los últimos dos años derivó de manera creciente hacia una politización y niveles de agresividad encubierta que hoy ya nada tienen que ver con la legítima y comprensible reivindicación original. El método de estas protestas, que en principio fueron pequeñas y hasta vistas con comprensión, devino en un hecho que ya es muy difícil de limitar y contener por su magnitud actual, que ha crispado a los argentinos. La emergencia generada por el terremoto económico ocurrido a la salida de la convertibilidad hizo necesarios y justificados los planes sociales de ayuda instrumentados por el gobierno anterior, aunque allí también nació el temor a que esto se convirtiera en un nuevo factor de clientelismo político. Esto parece haber ocurrido. Como resultado, hoy pueden diferenciarse dos grandes grupos de piqueteros: quienes están realmente necesitados de trabajo y lo desean no sólo como medio de vida sino para recuperar su dignidad, y quienes los utilizan como negocio aprovechándose del dolor ajeno o con una clara utilización política y antisistema, refugiados en la debilidad de una democracia que, por su doloroso pasado, confunde orden con represión. El Presidente avanzó un paso hacia la resolución de este tema. No será fácil, pero es fundamental resolverlo.