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Miércoles 23.05.2012 | 19:15

Dos a quererse mucho: oro y bonos del Tesoro para cuando nada sirve

31-08-11 21:12 Por Julián Guarino, subeditor de Finanzas y Mercados, especial para Cronista.com


JULIAN GUARINO

Botellas de agua mineral sin la tapa a rosca sellada; productos importados sin la etiqueta de la AFIP, globos de helio que cuando se los suelta se van para abajo, barritas de cereal que mantienen el precio pero que son cada vez más cortas y con menos cereales…
Como en tantos otros ejemplos, cuando en un mercado suben las acciones pero también trepan el oro y los bonos del Tesoro de Estados Unidos, eso da la pauta de que algo huele mal. Alguien que acepta el riesgo de invertir en acciones es poco probable que, a la vez, decida que es buen negocio apostar por un título público que paga una tasa del 2% anual a 10 años de plazo y en un contexto donde se espera inflación.
Por eso el saldo de agosto confirma todo un clásico del inversor: que cuando suben los refugios, bajan aquellas apuestas que ostentan mayor riesgo. El oro ha sido por siglos la reserva por excelencia para quienes quieren resguardar el valor de su inversión. Los inversores lo han visto por lo general como una protección en contra de la inflación. Esto implica que se recurre a él para protegerse en contra de potenciales pérdidas y no para obtener ganancias. Claro que eso cambió: en la última década, el precio de la onza subió.
En agosto, el oro volvió a alzarse como la mejor inversión del mes. En rigor, subió lo mismo en los últimos 30 días que durante el resto del año. Con un rendimiento del 12% para el mes, los u$s 1.835 la onza premiaron a aquél que se reconoció conservador en un contexto altamente volátil. El metal ha duplicado su precio de 2009 y algunos le han fijado un precio por encima de los u$s 2.000 la onza. Mucho tiene que ver la depreciación del dólar y la expectativa de inflación en la economía estadounidense.
Los precios del bono del Tesoro cayeron ayer –pero saldaron positivo en agosto- por los temores de que Estados Unidos se encamine hacia una otra recesión. Se trató del mejor mes (para los bonos) desde fines del 2008, en medio de la crisis de crédito global, cuando los inversores se abalanzaron sobre la deuda de gobierno para proteger su dinero (o lo que queda de él). La reciente demanda de activos seguros presionó a los rendimientos de estas emisiones hasta llevarlos a sus niveles más bajos en al menos 60 años hace dos semanas, pese a que Standard & Poor’s rebajó la calificación crediticia de Estados Unidos. Si bien los rendimientos del bono –que se mueve en forma inversa al precio- subieron ayer hasta 2,24% desde 2,18%, habían arrancado agosto con una tasa de 2,80%.
De todas maneras el dato inesperado fue que la tasa a 10 años había registrado un piso intradiario de 1,97% dos semanas atrás, la menor rentabilidad vista en los registros oficiales de la Fed y del Tesoro, y sólo comparable con las estadísticas privadas muestran tasas inferiores al 2% por momentos durante la Segunda Guerra Mundial y la Gran Depresión.



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