La incertidumbre sobre el futuro económico del país volvió a instalarse ayer en Grecia después de un fin de semana de múltiples reuniones que concluyeron sin que los diferentes actores cediesen en ninguna de sus posiciones.
La llamada troika (formada por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) exige al gobierno de coalición que dirige el ex banquero Lukás Papadimos rebajas salariales en el sector privado y nuevos recortes de gasto público, a lo que se oponen los partidos políticos. Nos están pidiendo algo que provocará más recesión. Y yo lucho contra ello, criticó el líder de la conservadora Nueva Democracia, Antonis Samarás, a la salida de una reunión de cinco horas con Papadimos y los otros dos líderes de los partidos que forman el Ejecutivo (socialdemócratas, conservadores y ultraderechistas).
Grecia debe 350.000 millones de euros que, sencillamente, no podrá pagar. Ni siquiera el pago del próximo vencimiento por 14.5000 millones, que cae el 20 de marzo, está garantizado si los ministros de Finanzas de la zona euro reprueban por insuficientes los recortes y ajustes que está llevando adelante el Gobierno, o si los acreedores privados y el país no llegan a un acuerdo a tiempo.
Por lo pronto, la troika ha bloqueado el acuerdo hasta que Grecia acepte las nuevas medidas de austeridad.
Es que unos 206.000 millones de la deuda griega está en manos de acreedores privados. Esa es la parte que está en juego en las negociaciones, para reducir su valor nominal en un 50% a través de un canje de bonos viejos por otros nuevos.
Las charlas están congeladas en un punto: cuánto será la tasa que pagarán los nuevos bonos. Grecia pelea porque quede en un 3,6%, mientras que el Instituto Internacional de Finanzas (que representa los intereses de la banca privada) pretende más, por lo que debieron volver a reunirse con miembros del Ejecutivo heleno.
Argumentan los acreedores que una tasa de ese nivel cuando los actuales bonos griegos han llegado a pagar hasta 7% supone un recorte de deuda real del 70%.
Así pues, Papadimos volverá a reunirse hoy con sus socios de Gobierno para que decidan, finalmente, si aceptan o no las condiciones de la troika.
Los mercados habían cerrado en un clima de optimismo el viernes por el dato de empleo en Estados Unidos.
De hecho, el Dow Jones está en su nivel más alto desde mayo del 2008. Pero eso fue posible en gran medida por la percepción latente de que la cuestión griega estaba casi cerrada. Si ahora se complica, el ánimo se puede deteriorar rápidamente.
Pese a los vaivenes griegos, las bolsas europeas pudieron respirar. El viernes, el índice FTSE de la Bolsa de Londres subió 1,8%, el Dax alemán 1,7% y el CAC francés 1,5%. El índice FTSEurofirst 300 de las principales acciones europeas avanzó un 3,4% en la semana.
En Wall Street también primó el optimismo. En la semana los índices Dow Jones y S&P 500 acumularon una suba del 2,43% y 3,21%, respectivamente, luego de cerrar el viernes en alza debido a buenos datos de empleo en los Estados Unidos. El Merval de Buenos Aires acompañó con una suba semanal del 0,31%.
Entre los datos económicos que prometen mover al mercado durante esta semana se destacan las declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, que tendrán lugar el jueves. También habrá datos del sector manufacturero y del mercado de empleo.
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