Nada detiene el pesimismo bursátil. El viernes pasado, el índice Dow Jones terminó su sexta semana en baja, el mayor período en rojo desde el 2002. Sucede que el temor a una desaceleración mayor de la economía es latente, y los indicios no hacen más que confirmar las presiones que existen en EE.UU. y Europa en ese sentido. Para peor, la visión de los especialistas es que el pesimismo continuará.
Para Enrique Álvarez, analista de IDEAglobal en Nueva York, el mercado va a seguir flojo porque no hay una dinámica que genere una perspectiva positiva en el mediano plazo. Para peor, dice, la caída de las bolsas genera un efecto pobreza en la ahorristas estadounidenses. Esto hará que el consumo sea menor, por ende la economía vaya a la baja. El efecto pobreza en realidad está en todos los consumidores, no solo los tenedores de acciones o bonos. La destrucción del mercado viene en un mal momento. La situación de las hipotecas está mal, los sueldos no suben, hay estancamiento, agrega Álvarez.
La visión de los analistas, en realidad, no es muy distinta a la del presidente de la Reserva Federal. Ben Bernanke ratificó que el contexto económico es negativo y que podrían ser necesarios más estímulos económicos (aunque no lo aseguró). La Reserva Federal está preocupada por los débiles datos de gastos del consumidor y reportes del mercado laboral, al mismo tiempo que confirmaron que la economía se está moviendo por debajo de su potencial.
Habrá que estar atentos esta semana a varios indicadores clave tanto para Europa como para Estados Unidos. Los principales drivers serán: las ventas minoristas, el índice de precios al consumidor y la producción industrial en EE.UU. Por el lado de la eurozona, los inversores estarán pendientes del índice de precios al consumidor de la Unión Europea y el desarrollo de la negociaciones que realizan los países del bloque para solucionar la grave situación fiscal de Grecia.
Seguimos pronosticando que este incierto escenario de creciente aversión al riesgo podría abrir a corto plazo una nueva pulseada Fed versus operadores que podría derivar en una profundización de la corrección superior al 6% que ya acumula Wall Street durante las últimas seis semanas, donde como mínimo todavía se podría estar a mitad de camino, vaticina el analista financiero Gustavo Ber.
Los factores técnicos del mercado, dicen los especialistas, no dejan dudas de que la tendencia sigue siendo a la baja. El índice Standard Poors 500 cae 5% desde su máximo en 2011 el 29 de abril, reflejando el enfriamiento de la economía. El rendimiento del bono del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años bajó desde 3,29% hasta 3% en el mismo período (por ende buscan resguardo de las acciones y compran el título). Pero la caída del empleo es una de las razones del pesimismo bursátil a corto plazo. Las condiciones de crédito continúan mejorando y la renta del trabajo está creciendo, aunque con una pausa en mayo, y pensamos que eso da a la economía suficiente impulso como para atravesar este período flojo, dijo con cierto optimismo, Samuel Coffin, economista de UBS Securities.
El mercado de trabajo es decepcionante, contrastó Joshua Shapiro, economista principal de Maria Fiorini Ramirez Inc. de Nueva York, que redujo sus pronósticos para el PBI correspondiente a cada uno de los tres últimos trimestres del año. Las pequeñas empresas están cada vez más preocupadas por el futuro y de ahí justamente tendrá que venir el crecimiento del empleo, afirma.
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