La puja la ganaron los radicales del Tea Party

Hace tiempo que se dice en broma que los extranjeros deberían poder votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, porque el resultado es profundamente importante para el resto del mundo.
Los preocupados inversores globales podrían extender esa idea a las elecciones parlamentarias ahora que el cierre de la administración norteamericana sacude los mercados globales, con la promesa de que empeorará la situación si el Congreso se niega a elevar el techo de la deuda en un par de semanas y, como resultado de ello, el gobierno estadounidense suspende el pago de sus deudas.
Para gran parte del resto del mundo, el accionar de Estados Unidos es ilógico y perjudicial para el país. Sin embargo, la realidad es que los legisladores republicanos que impulsaron esto no están (en líneas generales) locos. Es sólo que sus incentivos políticos ahora confrontan con Barack Obama.
Desafortunadamente, las reparticiones del gobierno que cierran no incluyen la oficina que paga a los legisladores. Por lo tanto no pagarán ningún precio personal.
Tampoco corren el riesgo de ser castigados por el electorado. Las repetidas manipulaciones implican que la gran mayoría de los republicanos representan bancas seguras.
Su principales rivales políticos provienen de adentro de su propio partido, en las peleas por las primarias para ser representantes del Partido Republicano. Y en las batallas dentro del partido, tendieron a ganar los miembros del Tea Party, lo que refleja el profundo enojo de las bases republicanas con la administración Obama. Los republicanos moderados, como los ex senadores Dick Lugar y Olympia Snowe, fueron obligados a dejar Washington. El dominio está en manos de los radicales.
Y sin duda tienen ideas radicales. Otro punto que tiende a desconcertar a extranjeros es el fuerte peso que tiene el pensamiento libertario antigobierno en la derecha del Partido Republicano. Esa gente es esclava de una versión de dibujito animado de la historia de Estados Unidos, en la que valientes ciudadanos se revelan contra un gobierno opresivo, negándose a pagar impuestos injustos y protegiendo su libertad con sus armas no confiscadas.
Los europeos que sienten desconcierto frente a esta ideología podrían recordar que una de las quejas más frecuentes de los republicanos es que el presidente Obama quiere convertir a Estados Unidos en una versión de Europa (un continente que, para muchos republicanos, está asociado al gobierno grande y quebrado).
El Partido Republicano siente que la reforma sanitaria es un tema ideal para dramatizar su odio por el gobierno grande, porque las reformas de Obama establecen que algunos jóvenes en buenas condiciones físicas deben comprar su cobertura de salud. Las encuestas de opinión muestran que el Obamacare ahora tiene bastante poca aceptación, aun cuando todavía no entró totalmente en vigencia.
Dado que esta moderna ideología republicana es tan visceralmente antigobierno, para muchos legisladores republicanos el cierre de la administración no es un desastre. Por el contrario, están quienes lo consideran un triunfo.