CADA VEZ SON MENOS LOS ASPECTOS QUE COMPARTEN LOS PA SES

Empiezan a aparecer grietas en el grupo de los Brics

Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica ya no tienen el mismo dinamismo económico y varios trastabillan. Así, la corrupción y las debilidades políticas se vuelven más evidentes

Los historiadores quizás recuerden que la manía por los Brics llegó a su punto más alto durante la Copa Mundial de Fútbol 2014 en Brasil. La presidenta Dilma Rousseff aprovechó la ocasión para ser la anfitriona de una cumbre que reunió a los 5 líderes del grupo Brics: Brasil mismo, Rusia, India, China y Sudáfrica. Se anunció allí la formación de un nuevo banco de desarrollo Brics con casa matriz en Shanghai.

Lo único que estropeó la fiesta de los Brics que había preparado Rousseff fue que se realizó en medio de una espectacular derrota de la selección brasileña en el torneo, el 7 a 1 contra Alemania.

Unos meses después, se empieza a sentir que el grupo Brics finalmente es una desilusión, tal como lo fue el país anfitrión.

Hay tres grandes problemas con los Brics. El primero es económico. Tres de las cinco naciones miembro Brasil, Rusia y Sudáfrica están trastabillando económicamente. Las elecciones en India de este año también se llevaron a cabo en un escenario de varios años de débil crecimiento económico. De los Brics, solo China todavía crece a un ritmo superior a 7% anual, pero se encuentra en medio de reformas difíciles. Se suponía que los países de este grupo compartían el mismo nivel de dinamismo. Pero ya no es así, al menos por el momento.
La segunda dificultad es política. Cuando los Brics estaban en auge, era natural afirmar que sus sistemas políticos también funcionaban bien. Ahora que varios están en problemas, las debilidades políticas y la corrupción se volvieron más evidentes.

El tercer problema tiene que ver con la incoherencia del grupo. Si bien los Brics claramente aspiran a ser una voz para el mundo no occidental, su composición es irregular. Los acontecimientos en Brasil o Sudáfrica arrojan poca luz sobre el futuro de China, un país que es tan grande y poderoso que constituye una categoría en si misma. Mientras tanto, Rusia está inmerso en una profunda y singular crisis en lo que se refiere a sus relaciones con Occidente.

Aún donde realmente hay verdaderas similitudes entre los países, ya no son particularmente positivas. Es sorprendente cómo los problemas que sufre Sudáfrica son parecidos a los que atraviesa Brasil. En 2010, el año que Rousseff fue electa presidente por primera vez, el país crecía a 7,5% anual. Pero ahora es probable que lo haga a menos del 1%. En Sudáfrica, la expansión económica de 2014 probablemente sea de 1,4%, comparado con el pronóstico de más de 5% del plan de desarrollo nacional.

Las quejas por la corrupción son temas centrales de la política en ambos países, aunque ocurre lo mismo en los cinco miembros.

El hecho de que el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, haya entablado una relación estrecha con Putin, sólo contribuyó al clima de descontento por la corrupción en su administración. Pero la relación PutinZuma también es señal de que se mantienen lazos diplomáticos en los Brics. Un emisario ruso contó que ningún miembro votó en la ONU a favor de condenar la anexión de Crimea a Rusia. Aseguró que los miembros del grupo Brics están unidos, que comparten la hostilidad hacia el mundo dominado por Estados Unidos.

Sin embargo, si bien los Brics comparten un sentimiento general de que Occidente dirigió al mundo durante demasiado tiempo, también hay profundas divergencias en su visión del mundo. Hay una enorme diferencia entre el multilateralismo semipacifista de Brasil y el nacionalismo enojado de la Rusia moderna. Mientras tanto, China claramente va a trazar su propio sendero internacional, independientemente de lo que piensen sus pares en el Brics.
Quizás el verdadero rompecabezas geopolítico para los Brics sea si China puede o está dispuesto a ser el corazón del grupo, tal como lo hace Estados Unidos con la alianza occidental. Que el banco de los Brics tenga su sede en Shanghai constituye un deliberado mensaje simbólico.

Pero hay una gran transición entre el simbolismo y la sustancia. Los gobiernos de Rusia e India tienen problemas con el mundo "unipolar", centrado en Washington. Pero ninguno está apurado por dejarlo en manos de Beijing.

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