Los mercados de bonos reaccionaron ayer con notable ecuanimidad a las noticias sobre el segundo rescate griego.
Tanto después del acuerdo, que se anunció ayer muy temprano, como durante la larga espera que lo precedió, hubo pocas demostraciones del nerviosismo que saludó a los tres primeros rescates de la eurozona a Grecia, Irlanda y Portugal.
Sin embargo, a analistas e inversores les preocupa que en la precipitación por solucionar el problema de Grecia y mostrar que la crisis está contenida, se dañe a los mercados de bonos europeos en el largo plazo.
Lo que ocurrió no es bueno para el mercado en el largo plazo, pero es mejor que la alternativa en el corto plazo, comentó Gary Jenkins, titular de la firma Swordfish Research.
La preocupación con respecto a cómo concluyó el acuerdo griego gira en torno al tema de la subordinación. Tradicionalmente, sólo el Fondo Monetario Internacional ha sido considerado super senior. Pero ahora algunos inversores temen terminar siendo bonistas de menor jerarquía en relación a otros organismos además del FMI.
En primer lugar, la intranquilidad se debe al trato especial que recibiría el Banco Central Europeo, que es tenedor de bonos griegos por valor de 40.000 millones de euros (u$s 52.900 millones), según estimaciones de los analistas. Estos bonos fueron comprados a inversores privados en el mercado pero, a fines de la semana pasada se llegó a un acuerdo que excluye estas tenencias del llamado acuerdo de Participación del Sector Privado (PSI, por la sigla en inglés), ideado para reducir en 100.000 millones de euros la carga de deuda de Grecia.
A otros inversores les resulta irritante que el BCE tenga prioridad como acreedor en relación a ellos no sólo en el caso de Grecia, sino también en cuanto a las otras cuatro naciones de la eurozona Portugal, Irlanda, Italia y España en las que intervino el Banco.
Los inversores privados ahora saben dónde están según la ley del gallinero, comentó Paul Griffiths, jefe global de Inversiones de Renta fija de Aberdeen Asset Managers, quien agregó que esto disminuye la capacidad de Grecia de volver a los mercados de capital.
A los inversores también les preocupa el tema de los nuevos bonos creados por el canje de deuda. Un análisis preliminar de sustentabilidad de la deuda presentado a los ministros de Finanzas de la eurozona, y al que tuvo acceso el Financial Times, muestra inquietud sobre las perspectivas de Grecia para recuperar el acceso al mercado.
Jenkins, por su parte, sostiene que esto no le hace bien a la reputación del BCE y en el futuro llevará a los inversores a cuestionarse si el banco central ayudará o no a los Estados soberanos. En el futuro tendremos que analizar estos países sobre la base de sus datos económicos individuales y la sustentabilidad de su propia deuda, sin apoyo del BCE, agregó.
Elisabeth Afseth, estratega de Investec Capital Markets, enfatizó que es probable que Atenas quede fuera de los mercados por un período largo, no hasta 2030, por lo menos.
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