EL POLITÓLOGO SAMUEL HUNTINGTON VATICINÓ UN MUNDO EN CONFLICTO

Ataques en París reavivan la teoría de un choque de civilizaciones

La realidad es que musulmanes y no musulmanes se entremezclan en la sociedad y que el multiculturalismo integra el mundo moderno

Desde que el fallecido Samuel Huntington predijo que la política internacional estaría dominada por un "choque de civilizaciones", su teoría tiene algunos de sus mayores adherentes entre los islamistas militantes. Los terroristas que infligieron los asesinatos masivos en París son parte de un movimiento que ven al Islam y Occidente enfrentados en un inevitable combate mortal.
Los líderes políticos occidentales, por el contrario, casi siempre han rechazado el análisis de Huntington. Incluso George W. Bush dijo "no hay un choque de civilizaciones". Y la vida cotidiana en las naciones occidentales multiculturales ofrece una refutación diaria de la idea de que diferentes religiones y culturas no pueden vivir y trabajar juntos.
A raíz de los atentados en París, es necesario reafirmar esta idea central. Y sin embargo, una ratificación de los valores liberales tampoco debería impedir un sobrio reconocimiento de algunas tendencias globales malignas. El hecho es que el islamismo de línea dura está en aumento, incluso en algunos países como Turquía, Malasia y Bangladesh considerados antes modelos de sociedad musulmana moderada. Al mismo tiempo, los prejuicios anti-musulmanes entraron en la corriente política en EE.UU., Europa e India.
En su conjunto, todo esto redujo el espacio para aquellos que quieren contrarrestar la narrativa de un "choque de civilizaciones".
Los ataques terroristas, como los de París, tienen como fin promover las tensiones entre musulmanes y no musulmanes. Pero también hay tendencias a largo plazo que impulsan la radicalización. Una de las más perniciosas es la forma en que los Estados del Golfo, especialmente Arabia Saudita, han utilizado el dinero del petróleo para difundir formas intolerantes del islam en el resto del mundo musulmán.
Los efectos son ahora visibles en el sudeste asiático, el subcontinente indio, África y Europa. Malasia siempre ha sido presentada como un ejemplo de nación exitosa y próspera, multicultural, con una mayoría musulmana malaya y una gran minoría étnica china. Pero las cosas están cambiando. Bilahari Kausikan, un ex jefe de la cancillería en la vecina Singapur, señala una "reducción significativa y permanente del espacio político y social para los no musulmanes" en Malasia. El escándalo de corrupción que actualmente enfrenta el gobierno del primer ministro Najib Razak ha aumentado las tensiones comunales, ya que el gobierno de Malasia volvió a caer en la política de identidad musulmana para conseguir apoyo. Se acusó a la oposición de ser parte de una conspiración global judía contra Malasia.
En Bangladesh, un país musulmán con una constitución laica, los islamistas radicales han asesinado intelectuales, blogueros y editores en el último año. También aumentaron los ataques a cristianos, hindúes y musulmanes chiítas. Gran parte de esta violencia ha sido perpetrada por Estado Islámico (ISIS) o al-Qaeda. Pero, como en Malasia, el auge del islamismo radical parece haber sido fuertemente influenciado por los Estados del Golfo.
Para muchos occidentales, Turquía fue durante mucho tiempo el mejor ejemplo de un país de mayoría musulmana que también es una democracia secular exitosa. Pero en la era del presidente Recep Tayyip Erdogan, la religión se volvió mucho más central en la política y la identidad del país. Erdogan fue descripto como "ligeramente islamista" en The Economist y otros medios.
Si bien el primer ministro de India, Narendra Modi, no dijo nada tan provocativo sobre los musulmanes, ha sido acusado de tolerar el prejuicio anti-islámico y la violencia. Durante sus primeros meses en el cargo, Modi tranquilizó a algunos críticos concentrándose en la reforma económica. Pero en los últimos meses, los miembros de su partido nacionalista hindú Bharatiya Janata intensificaron la retórica anti-secular y anti-musulmana.
En Europa, incluso antes de los atentados de París, la crisis de los migrantes había ayudado a alimentar el ascenso de los partidos y movimientos sociales anti-musulmanes. Con la apertura de Alemania a los refugiados procedentes de Oriente Medio, aumentaron los ataques violentos contra los albergues de migrantes. En Francia, se espera que el ultraderechista Frente Nacional obtenga buenos resultados en las elecciones regionales del próximo mes.
La retórica anti-musulmana también creció en EE.UU. y se ha convertido en un tema común entre los candidatos republicanos a la presidencia. Ben Carson, que lidera muchas encuestas republicanas, dijo que ningún musulmán debería ser presidente estadounidense; mientras que Donald Trump aseguró que deportaría a los refugiados sirios que lleguen a EE.UU.
La confluencia de estos desarrollos en América del Norte, Europa, Oriente Medio y Asia está alimentando la idea de un choque de civilizaciones. No obstante, la realidad es que los mundos musulmanes y no musulmanes se entremezclan en todo el mundo. El multiculturalismo no es una aspiración liberal ingenua; es la realidad del mundo moderno y tiene que funcionar. La única alternativa es más violencia, la muerte y el dolor.