Wall Street: las acciones caen pero en el mercado nadie quiere ser el último en salir

El ánimo del mercado puede estar pasando del 'miedo a perderse algo' al 'miedo a aguantar'.

Ya hemos pasado por suficientes siglas en este ciclo de mercado.

El miedo a perderse algo (FOMO, por sus siglas en inglés) llevó a muchos inversores, profesionales y aficionados a optar por clases de activos picantes. Nadie quería ser la última persona en entrar en el próximo fenómeno mientras el exceso de dinero fluía por el sistema financiero mundial.

TINA (There Is No Alternative o No hay alternativa)- ha ido un poco más allá. Aquí se resume la idea de que los gestores de fondos no tenían más remedio que comprar acciones de riesgo porque los viejos y aburridos bonos ofrecían bajos rendimientos e incluso costaba dinero mantenerlos, sin tener en cuenta la inflación. Es como "el mercado me obligó a comprar esta basura", pero con un nombre un poco más atrevido.

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Pero parece que todavía no hemos alcanzado el límite de las siglas. Ahora que los rendimientos de los bonos están mucho más altos, TINA ya no existe (RIP), y el ánimo del mercado ha cambiado. Hemos pasado del FOMO al Fear Of Holding On (miedo a aguantar), como explicó esta semana Peter Tchir, responsable de estrategia macro de Academy Securities. Aunque ahora leo muchos estudios de bancos e inversores, pasar de FOMO a FOHO es una novedad para mí.

Tchir se refiere aquí al temido bitcoin, un "activo" a falta de una palabra mejor que está madurando. Si han conseguido evitar el criptodrama de esta semana (bien hecho), lo que deben saber es que su desplome ha pasado de la fase de caída de los precios, que comenzó en noviembre, al punto en el que caen dos dígitos por día y las plataformas que ofrecen operaciones en criptodivisas empiezan a tener problemas para devolver el dinero a las personas que han apostado por las monedas.

Una de las plataformas, Bybit, ofrece a los "operadores con aversión al riesgo" productos que describe como "ahorros de bajo riesgo" con un "interés anualizado del 999%". Se aplican términos y condiciones. No se trata de una errata, sino de una señal de que todo está bien en este mercado tan serio que no está en absoluto desesperado por conseguir nuevo efectivo, de verdad.

La etapa posterior es cuando uno empieza a preocuparse por si un colapso total de los precios afectará a otros mercados (el jurado no está seguro de ello) y por el efecto dominó cuando los inversores de capital riesgo, de capital privado o incluso los típicos fondos de pensiones que respaldan a estos intermediarios empiecen a sufrir pérdidas. Eso será divertido, pero me estoy desviando del tema.

La cuestión es que el cripto ha demostrado por fin una función útil.

¿Moneda para comprar cosas? No. ¿Una forma de almacenar valor? No. ¿Cobertura contra la inflación? Seguro que no. Pero como el activo más especulativo del planeta, posiblemente incluso el más especulativo de todos los tiempos, parece un práctico aviso de las calamidades que se avecinan. El cripto canario en la mina de carbón. La gran pregunta es si el FOHO que persigue a las criptomonedas empezará a afectar a las acciones.

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No parece que hayamos llegado todavía a ese punto. Sí, los mercados de valores han sufrido en todo lo que va de año. Este 2022 se perfila como un verdadero desastre para la renta variable. El índice S&P 500 se encuentra en territorio bajista, con una caída de más del 20% desde su pico reciente, e incluso el FTSE 100, generalmente protegido de las oscilaciones gracias a la gran presencia de materias primas, ha retrocedido más del 4% este año.

Comprar la caída sigue siendo un deporte extremo. "Las acciones estadounidenses han sufrido las mayores pérdidas en lo que va de año desde, al menos, la década de 1960", recordó esta semana el Instituto de Inversión BlackRock

"Eso ha activado los llamamientos a 'comprar la caída'. Nosotros, por ahora, preferimos estar al margen". Los márgenes de beneficio están en riesgo por los costos de la energía y la mano de obra, las valoraciones no han caído lo suficiente y la Reserva Federal de Estados Unidos podría endurecer la política mucho más allá de lo que quiere, advirtió BlackRock. Después de subir la tasa de interés de referencia tres cuartos de punto porcentual esta semana, la propia Fed reconoció que pisar el freno causará "cierto dolor".

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Pero aunque pocos son lo suficientemente valientes como para aumentar las asignaciones de renta variable a precios (relativamente) bajos, muchos parecen no estar dispuestos a renunciar a ellas todavía.

Jeroen Blokland, que antes trabajaba en Robeco Asset Management y que ahora dirige el centro de investigación True Insights, señala que el S&P cayó casi un 4% en un día especialmente difícil a principios de esta semana. Aunque no es mucho, también recuerda que es sólo la 39ª peor caída de un día desde 2005. Su indicador de confianza sigue en territorio neutral. Todavía no se ha adentrado en la zona de miedo. Su conclusión: no hay capitulación [cuando los precios de los valores se desploman por rendición masiva de los inversores].

Esta semana, un banquero me recordó una curiosidad: cuando se pregunta a los inversores si se sienten aterrorizados, como hace frecuentemente Bank of America en su encuesta mensual, responden que sí. "La confianza de Wall Street está por el suelo", observó el banco. Pero cuando se les pregunta por sus activos, la mayoría no ha eliminado sus activos de riesgo favoritos. "La gente va a tener que empezar a vender las cosas que realmente les gustan", afirma el banquero. "La capitulación de los mercados todavía está por llegar".

Los nervios están a flor de piel. "Nunca he tenido tan buen acceso a los directores de inversiones y a los CEOs. Quieren hablar", añade.

De esto se desprende que los inversores están desesperados por obtener ideas y conocimientos sobre lo que podría ocurrir a continuación y sobre lo que están haciendo sus compañeros. Si el FOHO afecta a las acciones, nadie querrá ser el último en salir.

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