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Por qué los economistas se equivocaron con los pronósticos de recesión en EE.UU.

Los expertos deberían confiar menos en los indicadores adelantados y otros modelos simplistas y más en el sentido común.

En los dos últimos años, la mayoría de los economistas han pronosticado una recesión en Estados Unidos. De hecho, ha sido la crónica de una recesión anunciada que no pasó. Como Godot, no se ha presentado.

Esto se hizo cada vez más evidente a principios de este año. Sin embargo, mientras la mayoría se retractaba de sus sombrías previsiones de recesión, muchos predijeron que la Reserva Federal tendría que recortar las tasas de interés varias veces para evitar una recesión si la inflación seguía moderándose. Esa predicción también parece equivocada, y ahora son más los economistas que hablan de una perspectiva de tasas "más altas por más tiempo".

Era lógico esperar una recesión en los dos últimos años. Después de todo, la Fed subió la tasa de los fondos federales en 5,25 puntos porcentuales entre marzo de 2022 y julio de 2023. Seguramente, parecía, un endurecimiento tan significativo de la política monetaria haría que algo se rompiera en el sistema financiero, desencadenando una contracción del crédito que luego causaría una recesión. Cuando eso ocurriera, la Fed se vería obligada a bajar las tasas de interés rápidamente. Este fue el modus operandi de la mayoría de los ciclos de política monetaria desde la década de 1960.

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Había muchos indicadores confiables que señalaban que se avecinaba una recesión. El spread de la curva de rendimiento entre los bonos del Tesoro estadounidense a 2 y 10 años se invirtió durante el verano de 2022, con las tasas a más corto plazo subiendo por encima de las de más largo plazo. Ya lo había hecho justo antes de recesiones anteriores. El índice de Indicadores  Adelantados (Leading Economic Index) alcanzó un máximo histórico en diciembre de 2021 y ha estado cayendo desde entonces hasta abril, lo que indica una recesión. La tasa de crecimiento de M2 real -una medida de la oferta monetaria- sobre una base interanual se volvió negativa durante mayo de 2022, y siguió siendo negativa hasta marzo.

Pero esta es la razón por la que creo que los economistas estaban tan equivocados y esos indicadores resultaron ser engañosos:

En el pasado, las recesiones se debieron principalmente a la contracción del crédito, el aumento de los precios del petróleo o el estallido de burbujas especulativas. La curva de rendimiento invertida anticipó con exactitud una crisis financiera esta vez como en el pasado. Hubo una crisis bancaria en marzo de 2023, pero no duró mucho y no provocó una contracción del crédito porque la Fed respondió rápidamente con una línea de liquidez de emergencia para el sector bancario. El precio del petróleo se disparó después de que Rusia invadiera Ucrania en febrero de 2022, pero la abundante oferta mundial y el débil crecimiento económico mundial lo hicieron bajar rápidamente. El precio del petróleo volvió a subir en marzo, cuando la guerra entre Israel y Hamás mostró signos de convertirse en un conflicto regional, pero desde entonces ha vuelto a bajar.

La economía también resultó ser más resistente de lo que esperaban los economistas, sobre todo porque el gasto de los consumidores siguió creciendo. Muchos hogares se beneficiaron de tasas más altas en sus depósitos bancarios y fondos de money market. Muchos también refinanciaron sus hipotecas a tasas bajas récord durante 2020 y 2021.

Y lo que es más importante, la generación del baby boom ha empezado a jubilarse, con un patrimonio neto récord de u$s 76 billones. Gastan en restaurantes, cruceros, viajes y salud. Todas estas industrias de servicios han aumentado sus nóminas, impulsando así los ingresos reales y fomentando un mayor gasto. El sector de bienes de la economía se encuentra en una recesión de crecimiento desde marzo de 2021 aproximadamente, tras el boom de compras que se produjo cuando se levantaron los confinamientos. Sin embargo, el gasto en bienes se ha mantenido en un nivel récord ajustado a la inflación.

Por lo demás, la política monetaria restrictiva se ha visto compensada por una política fiscal muy estimulante. Los déficits federales se han ampliado por el gasto del gobierno federal en infraestructura y los incentivos del gobierno federal al onshoring (la reubicación de los procesos comerciales a un lugar de un menor costo dentro de las fronteras nacionales). Los desembolsos netos en concepto de intereses del gobierno federal se han disparado, lo que ha impulsado los ingresos personales por intereses hasta un máximo histórico.

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Los beneficios empresariales y el flujo de caja también se han mantenido muy bien. El gasto de capital no se ha visto deprimido por la suba de tasas porque muchas empresas obtuvieron fondos y refinanciaron cuando los costos de endeudamiento eran muy bajos en 2020 y 2021. El gasto de capital también se ha visto impulsado por el onshoring, así como por una gran cantidad de gasto en hardware tecnológico, software e investigación y desarrollo. Como resultado, el crecimiento de la productividad repuntó el año pasado y debería seguir siendo fuerte.

¿Y qué hay del índice de Indicadores Adelantados? No ha funcionado tan bien porque está muy sesgado hacia la economía de bienes, que ha sido relativamente débil, y no da suficiente peso al sector servicios, que ha sido fuerte.

Los economistas deben recordar que la historia no siempre se repite y no siempre rima. Deberían confiar menos en los indicadores adelantados y otros modelos simplistas y más en el sentido común.

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