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El Nikkei recuperó su máximo histórico de 1989: ¿Qué cambió en estos 34 años?

El precio de las acciones ha superado finalmente el nivel de finales de los '80, pero el sentimiento en Tokio no se acerca ni de lejos al optimismo de entonces.

A fines de 1989, nadie simbolizaba mejor el ascenso de Japón a superpotencia económica de la posguerra como Akio Morita, cofundador de Sony, que asombró al mundo con la adquisición de Columbia Pictures por u$s 3000 millones.

Ese mismo año, una traducción no autorizada al inglés de un explosivo ensayo del que era coautor, titulado El Japón que sabe decir no, se hizo viral entre la élite estadounidense. Citando lo que consideraba el cortoplacismo de las empresas estadounidenses, Morita advertía: "Puede que nunca puedan competir con nosotros".

Fue una muestra de arrogancia de la que más tarde se arrepintió, pero que captó brillantemente el estado de ánimo en Japón cuando sus empresas y multimillonarios dominaban los rankings de los más valiosos y ricos del mundo.

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Ayer, el índice bursátil Nikkei 225 superó por fin el nivel alcanzado hace 34 años. Pero ha desaparecido la sensación de euforia o logro que reinaba en 1989, cuando las exportaciones japonesas de autos y televisores se dispararon y la suba de los precios de los inmuebles parecía imparable.

Mientras el mundo se esforzaba por controlar la inflación en el último año, Japón aún no ha declarado oficialmente la salida de la deflación y sigue siendo el único país con tasas de interés por debajo de cero. La nación ha cedido su ventaja en electrónica de consumo y chips a sus rivales de Corea del Sur y Taiwán.

En 1989, Japón era extremadamente alcista. Hoy, no es ni siquiera ligeramente optimista.

Aunque Japón atrae ahora a inversores de todo el mundo, "no debemos regodearnos demasiado en ello", afirma Takeshi Niinami, CEO del grupo de bebidas Suntory y presidente de la Asociación Japonesa de Ejecutivos de Empresa, un lobby empresarial. "El yen está barato y temo que los inversores se vayan de repente y nos quedemos sin nada".

A finales de los '80, Tokio celebraba una década dorada en la que la economía había crecido un promedio de 4% anual gracias a la suba de los precios de las acciones y los inmuebles.

Pero en el verano de 1989, Kazuo Ueda, actual gobernador del Banco de Japón (BoJ), que por entonces enseñaba en la Universidad de Tokio, ya estaba preocupado. "La reciente suba de las acciones japonesas es una burbuja, y podría estallar en cualquier momento", advertía en una columna para el diario Nikkei.

En mayo de ese año, el banco central empezó a subir las tasas de interés para atajar la inflación, aumentando su tasa de descuento del 2,5% al 6% en agosto de 1990. Al desplomarse los precios de los activos, las instituciones financieras y los desarrolladores inmobiliarios tuvieron dificultades para deshacerse de los préstamos dudosos, lo que desencadenó una crisis bancaria. El BoJ empezó a rebajar las tasas de interés y en 1999 la inflación estaba por debajo de cero.

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La economía japonesa entró en un largo periodo de estancamiento durante los 2000, cuando sólo creció una media del 0,7%. Conforme se prolongaba la leve deflación, la gente dejó de creer que los precios o los salarios subirían. La deuda también ha aumentado. El FMI prevé que la ratio deuda pública/PBI de Japón alcance el 256% en 2024, frente al 65% de 1989.

Hoy, la economía se encuentra en un punto de inflexión. El BoJ se prepara para iniciar la salida gradual de su política monetaria ultralaxa esta misma primavera boreal. Más empresas están subiendo los precios y la escasez de mano de obra está contribuyendo al aumento de los salarios.

Pero hay poca sensación de euforia. La economía se ha contraído dos trimestres consecutivos, y el consumo de los hogares sigue siendo débil.

Cuando Nippon Steel anunció en diciembre su oferta u$s 14.900 millones  por US Steel, los banqueros vieron en la compra una señal del regreso de las empresas japonesas ricas en liquidez a los mercados mundiales.

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Pero si las M&A [fusiones y adquisiciones] de la década de 1980 fueron una demostración de la ambición de Japón por conquistar el mundo, los ejecutivos afirman que la fiebre extranjera actual está impulsada por la necesidad de encontrar nuevos ingresos fuera de los mercados nacionales, que envejecen y se reducen rápidamente.

Tras una crisis bancaria interna y la quiebra de Lehman Brothers en 2008, grupos japoneses como Sony, Panasonic e Hitachi entraron en un largo y doloroso periodo de reestructuración.

En 1989, las empresas japonesas, sobre todo los bancos, dominaban el top 10 mundial por capitalización de mercado. En la actualidad, ninguna empresa japonesa figura entre las 10 primeras.

Hoy, Toyota se ha convertido en el mayor fabricante de autos del mundo por ventas y en la empresa más valiosa de Japón. Sony, ahora famosa por su negocio de entretenimiento y videojuegos, ocupa el tercer lugar, mientras que el fabricante de chips Tokyo Electron es el quinto.

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En 1989, seis de las diez personas más ricas del mundo eran japonesas. Encabezaba la lista Yoshiaki Tsutsumi, expropietario de Seibu Railway, cuya fortuna Forbes estimó en u$s 15.000 millones.

Hoy, sólo tres japoneses figuran entre los 100 mayores multimillonarios del mundo. Tadashi Yanai, fundador de Fast Retailing, propietaria de Uniqlo, y su familia ocupan el puesto 30, con un patrimonio neto estimado en u$s 40.000 millones.

En términos de beneficios, las empresas japonesas han salido del periodo de bajo crecimiento con unos balances saneados. Según datos del Ministerio de Finanzas, los beneficios netos generados por las empresas japonesas no financieras se multiplicaron por más de cuatro hasta los 74 billones de yenes (u$s 486.000 millones) desde el año fiscal 1989 hasta el año fiscal 2022.

Sin embargo, décadas de deflación y estancamiento económico también han minado el apetito inversor, dejando a las empresas con una enorme reserva de efectivo de 343 billones de yenes (u$s 2,2 billones).

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Prácticamente la mitad de las empresas de la parte alta de la Bolsa de Tokio están infravaloradas, con ratios precio/valor contable por debajo de uno.

En 1989, Japón también había empezado a hacerse un nombre como uno de los principales exportadores mundiales del soft power y de la idea de que Japón, como país y como cultura, tenía algo único que compartir con el mundo. Hello Kitty, Super Mario, Gundam y Sonic cautivaron, y la capacidad de Japón para entretener se convirtió en uno de sus superpoderes más conocidos.

Cuando el mercado bursátil se acercaba a su techo, Nintendo lanzó la consola portátil Game Boy, que vendería más de 100 millones de unidades en todo el mundo y llevaría los videojuegos, la estética japonesa y Pokemon a todo el planeta. Tres días antes del pico del Nikkei, los estadounidenses pudieron ver Akira, un anime que crearía toda una generación de fans de la animación japonesa.

En 2024, Japón conserva gran parte de este soft power y una importante reserva de riqueza, pero ha perdido gran parte de su preeminencia. China ha superado a Japón como principal rival económico de Estados Unidos, el iPhone se ha convertido en el dispositivo que todo el mundo lleva en el bolsillo y el dinero de Medio Oriente  y de otros países soberanos está realizando las compras de prestigio en todo el mundo.A pesar de la preocupación por el crecimiento de la población, en 1989 Japón seguía pareciendo un país joven. La media de edad del país era de 37,2 años, y Japón vivía un boom de salas de karaoke, boleras, hipódromos y resorts. La fortaleza del yen aumentaba la sensación de que la sociedad estaba en lo más alto de la cadena alimenticia global.

Hoy en día, los mejores restaurantes de la ciudad están muy concurridos pero, gracias a la debilidad del yen en su inmensa mayoría por turistas.

El promedio de edad de Japón es hoy de 48,9 años. Es una sociedad envejecida. La escasez de mano de obra afecta a casi todos los sectores de la economía, y la energía, en un país donde el 29% de la población tiene más de 65 años, ha empezado a decaer.

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