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Crisis en Afganistán: la compleja red de impuestos paralelos y economía informal que financió a los talibanes

Crisis en Afganistán: la compleja red de impuestos paralelos y economía informal que financió a los talibanes

El derrocamiento del gobierno pro-occidental de Afganistán y el restablecimiento del control talibán ha puesto en manos de los islamistas la gestión de la economía formal del país.

Sin embargo, esta tarea no será completamente ajena al grupo militante, que ha operado una administración en la sombra en una parte de Afganistán a lo largo de sus 20 años de insurgencia.

Se ha hablado mucho de los beneficios que los talibanes obtienen del comercio de opio y heroína, pero las sumas derivadas de otras actividades son significativamente mayores, sobre todo de los impuestos sobre bienes como combustible y cigarrillos.

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"La principal fuente" de financiación de los talibanes "son los impuestos sobre los bienes legales", afirmó David Mansfield, analista de Afganistán que trabaja como consultor para el Instituto de Desarrollo de Ultramar, un grupo de expertos del Reino Unido.

"Las drogas no han sido una fuente de financiación tan importante para los talibanes como muchos han afirmado [lo que] ha llevado a una comprensión distorsionada de la economía y la insurgencia".

Dado que Estados Unidos bloqueó el acceso a las reservas del banco central y el FMI se ha negado a desembolsar fondos, el control de los talibanes sobre los lucrativos pasos fronterizos y su papel central en la economía informal de Afganistán les proporcionará cierto aislamiento de las presiones financieras.

Pero los nuevos gobernantes talibanes deben actuar con rapidez para evitar una grave crisis financiera si quieren asumir la tarea de pagar los salarios del gobierno y mantener el funcionamiento del Estado.

La corrupción endémica en el gobierno del depuesto presidente Ashraf Ghani le dio a los talibanes la oportunidad de ganarse a muchos de los afganos hartos de pagar sobornos a funcionarios corruptos.

Sin embargo, a pesar de las garantías de que la vida continuaría con normalidad, los afganos se apresuraron a retirar los ahorros de los bancos y muchos de los que pudieron intentaron huir del país en las horas posteriores a la toma del poder por parte de los militantes.

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"Este tipo de perturbación ya está empezando a socavar la posición económica que construyeron los talibanes", dijo Mansfield.

Un ejemplo de la gobernanza islamista se encuentra en el tramo de la ruta que va de Kabul al paso fronterizo de la milla 78, en la provincia de Farah, que limita con Irán.

La ruta tiene más de 25 puestos de control gubernamentales y se cobra una tasa en múltiples puntos del trayecto. En cambio, los talibanes que vigilan la misma carretera tienen muchos menos puestos de control y dan un recibo, por lo que sólo es necesario un único pago.

Ibraheem Bahiss, consultor en Afganistán del Grupo Internacional de Crisis, dijo que los talibanes intentaron presentarse como mejores administradores.

"Cada vez empezaron a cooptar más la infraestructura del gobierno para ofrecer [mejores] prestaciones de servicios", dijo Bahiss, explicando que los talibanes en algunas zonas se aseguraron de que los maestros y las enfermeras se presentaran a trabajar.

En los últimos años, los talibanes han ampliado su base impositiva a partir de los impuestos centenarios del oshr, un diezmo de una décima parte de los productos de la cosecha, y el zakat, un impuesto religioso del 2,5% de la renta disponible para los pobres, aunque la recaudación suele ser menor.

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En la provincia de Nimroz, los gravámenes sobre los bienes en tránsito, como vehículos y cigarrillos, constituían el 80% de los ingresos de los talibanes, según la investigación del ODI.

La minería ilegal y los impuestos sobre el combustible importado son otras fuentes de fondos. Los ingresos de los talibanes por el combustible importado de Irán ascendieron a u$s 30 millones el año pasado, según la consultora Alcis.

Los ingresos procedentes de la producción de metanfetamina, un potente estupefaciente, también han crecido en los últimos años y, según algunas estimaciones, ahora rivalizan con la producción de opiáceos del país.

La efedra, una planta que crece de forma silvestre en el altiplano central de Afganistán, se utiliza cada vez más para producir metanfetamina, según declaró el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías a finales del año pasado.

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Afganistán sigue siendo el mayor productor de opio del mundo, a pesar de los u$s 9000 millones dedicados a operaciones antidroga en los años transcurridos desde la invasión liderada por Estados Unidos en 2001.

De hecho, el cultivo de amapola ha crecido en estas dos décadas y en 2020 aumentó un 37% con respecto al año anterior, según un estudio sobre el opio de la ONU. Los talibanes gravan la cosechas de droga, aunque los analistas debaten sobre el grado de participación activa en el comercio.

En una conferencia de prensa reciente, el vocero de los talibanes, Zabihullah Mujahid, insistió en que el movimiento quería evitar las drogas y "reactivar nuestra economía".

"Afganistán será a partir de ahora un país libre de narcóticos, pero necesita ayuda internacional. La comunidad internacional debe ayudarnos para que podamos tener cultivos alternativos", dijo.

"Los desafíos económicos van a aumentar... la gente hambrienta es gente enfadada y tendrá que enfrentarse a ello", afrimó Arif Rafiq, presidente de Vizier Consulting, un grupo de riesgo político. "Los talibanes nunca han tenido una autonomía completa desde el comienzo de la insurgencia. Ahora son los responsables últimos del país en su conjunto".

Un ex ministro talibán, que solicitó el anonimato, predijo que se avecinan "tiempos difíciles" para los militantes y el asediado país que ahora pretenden gobernar.

"El pueblo afgano necesitará desesperadamente ayuda, pero la burocracia talibán no será fácil para los grupos de ayuda", dijo. "La toma del poder por parte de los talibanes avergonzó claramente a Estados Unidos que, en lugar de buenas relaciones, podría buscar una política de venganza".

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