El Brexit abre la puerta a un acuerdo Reino Unido - EE.UU.
Las semejanzas con el movimiento en contra del orden establecido que Donald Trump lleva a la convención republicana en Cleveland han hecho del voto británico para abandonar la Unión Europea (UE) un candente tema de conversación entre los republicanos.
Trump interpretó de inmediato el referéndum como una confirmación de su promesa de desmantelar la "globalización". El día después de la votación, proclamó: "En todo el mundo la gente está enojada".
Pero varios de los republicanos convencionales a los que Trump se enfrenta en temas como la raza, el comercio y las normas generales del debate y el decoro en la política estadounidense también han identificado el "Brexit" como una oportunidad estratégica a más largo plazo.
La semana pasada, dos de los republicanos más poderosos del Congreso el congresista Kevin Brady de Texas, presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, y el senador Orrin Hatch de Utah, presidente de la Comisión de Finanzas del Senado le hicieron un llamado al presidente Obama para que iniciara rápidamente discusiones sobre acuerdos comerciales con un nuevo gobierno británico.
Este pacto enlazaría dos economías liberales afines, brindaría beneficios económicos a ambas partes, y le daría más vigor a una relación comercial y estratégica ya de por sí impresionante. También le daría a EE.UU. una potencial ventaja sobre los restantes miembros de la UE con los que EE.UU. ha estado sosteniendo negociaciones muy lentas los últimos tres años.
Algunas conversaciones preliminares ya han comenzado. Sin embargo, cualquier acuerdo entre EE.UU. y el Reino Unido probablemente tomará años en materializarse. A Obama le quedan sólo seis meses en el cargo, por lo que cualquier negociación comercial importante entre EE.UU. y el Reino Unido quedaría a cargo de la próxima administración, ya sea encabezada por Trump o por su rival demócrata Hillary Clinton.
Hay una enorme madeja de incertidumbres y complejidades que deben solucionarse antes de que las conversaciones puedan comenzar.
Bajo las reglas de la UE, al Reino Unido no se le permite siquiera negociar sus propios acuerdos comerciales mientras sea miembro del bloque. También está la cuestión de qué tipo de relación comercial establecerá el gobierno de la primera ministra, Theresa May, con la UE, lo cual definirá las condiciones de cualquier negociación con EE.UU.
Los acuerdos comerciales no están de moda en el ámbito político estadounidense este año electoral. En sus campañas los candidatos presidenciales han hablado más de deshacer acuerdos comerciales que de lograrlos.
Trump quiere construir un muro en la frontera con México e imponerle aranceles punitivos a China. Tanto él como Hillary han denunciado otro acuerdo comercial mucho mayor y posiblemente más estratégico para EE.UU., cuyas negociaciones encabezó Obama, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) entre 12 países, que cuenta con el respaldo de la mayoría de los republicanos convencionales.
Y sin embargo, el hecho de que algunos republicanos en el Congreso aún están hablando de posibles pactos en un año en que el candidato de su partido está despotricando contra el comercio debería darles cierto consuelo a aquellos que creen en el valor de las economías abiertas.
Como mínimo, demuestra que todavía hay personas en Washington que son capaces de pensar en algo más que en el ruido político actual.