Cafiero buscó despegarse de la operación contra Bergoglio

El embajador en El Vaticano intentó distanciarse de la filtración de un informe de origen K para bloquear la elección del Papa argentino. Dijo que se sentía desconcertado por la investigación que lo muestra como autor del dossier. Por ROM N LEJTMAN Especial para El Cronista

Frente a la negativa de la Santa Sede de desmentir la operación montada por el Gobierno para bloquear la designación de Jorge Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI, al embajador argentino en el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, no le quedó otra alternativa que dibujar su propia desmentida sobre las dos notas publicadas en El Cronista en las ediciones del lunes y de ayer.


En declaraciones que hizo ayer al sitio web lanacion.com Cafiero aseguró que todo era una fantasía, y que se sentía débil y desconcertado por la versión periodística publicada por este diario, sin mencionar las reuniones que tuvo con Esteban Caselli, ex embajador en El Vaticano durante la gestión de Carlos Menem, que lo contactaron con los cardenales Leonardo Sandri, Angelo Sodano y Tarciso Bertone, adversarios secretos de Bergoglio en la interna vaticana. A través de ellos, Cafiero se enteró que el principal enemigo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Iglesia argentina podía acceder finalmente al trono vacante en Roma. Y con esa información clasificada, pidió órdenes de carácter político en Buenos Aires que no tardaron en llegar.


El embajador del kirchnerismo en la Santa Sede, poseedor de un apellido de historia peronista, entonces escribió un dossier negativo con notas de Horacio Verbitsky para desacreditar a Bergoglio en los días previos a la fumata blanca y evitar que se convirtiera en Papa. De nada sirvió: ahora Bergoglio se llama Francisco, y es Sumo Pontífice.


Es llamativo el giro político de Cafiero, ya que supo integrar el llamado Grupo de los Ocho que presidía Carlos Chacho álvarez, que marcó disidencias con el peronismo de la década del 90 liderado por Menem y que denunció los hechos de corrupción en esa época. En esa línea, el actual embajador en El Vaticano trabajó junto a Bergoglio y al obispo Jorge Casaretto en la Mesa del Diálogo que buscó encarrilar la institucionalidad durante los días turbulentos de 2001, cuando la presidencia de Fernando De la Rúa empezaba a languidecer. Ahora, Cafiero acata las órdenes de un gobierno que desairó a Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires, que terminó aliado con Menem y quedó envuelto en una maniobra fallida que buscó bloquear al devenido Papa Francisco.


Los diputados de la oposición Alfredo Atanasoff y Patricia Bullrich, alertado por los artículos publicados en El Cronista, presentaron un pedido de informes para conocer oficialmente los antecedentes y a los organizadores de la operación sucia contra Bergoglio. En este contexto, para evitar demoras y sospechas, Cafiero tiene la oportunidad de contar la verdad en la Cámara Baja. Sería un aporte formidable para la democracia.


Si pasa, y cuenta todo lo que sabe, los argentinos seremos testigos de un nuevo milagro.