NUEVO ESCENARIO

El síndrome de 'Pato Rengo': Alberto Fernández atrapado en la red de Sergio Massa

El Presidente está cada vez más complicado para llegar ileso al final del mandato. Los movimientos del superministro aceleraron el tiempo de desgaste del jefe de Estado

Alberto Fernández quedó atrapado por el frenético ritmo que Sergio Massa le impuso al Gobierno y el efecto inmediato que empezó a sufrir el Presidente de cara al futuro cercano ya preocupa a buena parte del albertismo: la aceleración de los tiempos del síndrome del 'Pato rengo' que desgastan a la figura del primer mandatario.

La semana última se percibió con claridad este nuevo paisaje de la Casa Rosada bastante desalentador para los allegados al jefe de Estado que ven un desgaste acelerado de la figura presidencial. Las últimas encuestas son aún más desalentadoras. Las más optimistas hablan de una imagen negativa del 78% de Alberto Fernández y el 89% de los encuestados reconoce estar descontento con cómo está el país en la actualidad.

 Alberto Fernández intentó "retomar la iniciativa", como dijeron a El Cronista dos funcionarios con acceso al despacho presidencial. Fueron reacciones tras la salida intempestiva de Martín Guzmán y el paso fugaz de Silvina Batakis. Pero la llegada de Massa al poder lo expone en su peor momento.

El presidente Alberto Fernández y el superministro Sergio Massa

Los gestos de autoridad que busca imponer Alberto Fernández se limitan a la firma de contratos para la construcción del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner en Saliquelló; un acto de inauguración de 100 viviendas con la visita a una cooperativa láctea en Chaco o la entrega de la pensión no contributiva número 200.000. Parecen gestos más cercanos a un intendente del Conurbano que a los del un Presidente en ejercicio de un país con una debacle económica.

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El "huracán Massa" se queda con todo el trazo grueso del Gobierno y los anuncios más relevantes en temas económicos que sacuden en los mercados y generan expectativas entre el empresariado, los gremios y el ciudadano común. 

El abismo entre el poder que ha cobrado el superministro de Economía y la debilidad con que aparece el Presidente es cada vez más pronunciada.

No son pocos los albertistas de pura cepa que ven este esquema de poder con preocupación y alertan sobre un efecto de síndrome de 'Pato rengo' por adelantado. El año y medio que le resta de mandato es una eternidad para un Presidente con tal nivel de desgaste y un superministro que le marca la cancha.

La historia reciente de la Argentina se encargó de castigar con este síndrome del 'pato rengo' de la política a Carlos Menem en su último mandato, a Eduardo Duhalde en 2002 o a Mauricio Macri luego de la derrota electoral de las PASO de 2019. Pero los coletazos de un poder desgastado de estos ex presientes llegaron bien hacia el final de sus mandatos. No le ocurrió a Néstor Kirchner porque Cristina era la continuidad del sello de poder. 

El dilema que se le plantea ahora a Alberto Fernández es que tiene un superministro como Massa que, a un año y medio de terminar su gestión, amenaza con pulir definitivamente el escaso nivel de respaldo popular que tiene.

En el entorno presidencial dicen que a Alberto Fernández no le quedaba escapatoria: era Massa o la unidad del Frente de Todos estallaba en mil pedazos con el Gobierno incluido. Ahora creen que la tormenta de aquí a finales de 2023 se podrá manejar con "iniciativa política y manejo del gabinete", aunque eso es lo que no abunda.

CONSULTAS Y mil ANUNCIOS

Muchos ministros prefieren consultar a Massa antes de tomar cualquier definición. Es más. En la reunión de técnicos de cada ministerio con el equipo de Massa liderado por el secretario de Hacienda, Raúl Rigo, y el jefe de Asesores del Palacio de Hacienda, Leonardo Madcur, para fijar los límites de gastos presupuestarios, se dejaron en claro dos cuestiones: que cada peso que se vaya a usar debe ser aprobado por el superministerio de Economía y que, en adelante, habrá que dar al menos mil anuncios de gestión hasta diciembre de 2023. 

Es decir, la maquinaria massista operará para asfaltar el camino a la presidencia al ahora superministro pero en detrimento de salvaguardar al Presidente.

Massa y su equipo de trabajo en el Ministerio de Economía

Ni siquiera el manejo de la comunicación está hoy atado al poder presidencial. La portavoz Gabriela Cerruti se quedó en el esquema previo a la llegada de Massa con las conferencias de prensa semanales y comunicados de actividad presidencial. Pero la información que recibe del núcleo duro de Massa es escasa. Incluso hay días en que no sabe qué contestar cuando la prensa le pregunta por los detalles técnicos de la gestión.

Los gobernadores del PJ se recuestan en Masssa pero también en el jefe de gabinete, Juan Manzur o en el ministro del Interior, Eduardo De Pedro. La ecuación es simple: los mandatarios provinciales no se juegan por nadie. Apuestan por Massa al igual que por el camporismo. Pero no hay señales hacia Alberto Fernández más allá de los encuentros protocolares.

PODER AMPLIADO

Incluso el armado del equipo de Massa estuvo limitado a los humores de Cristina Kirchner. No avaló el nombramiento de Gabriel Rubinstein por su archivo anti K pero dio el visto bueno para avanzar eventualmente con Martín Rapetti como supuesto viceministro de Economía. El Presidente casi no tuvo incidencia en esta toma de decisiones.

En el plano de la diplomacia también Massa avanza con todo. Se encargó de ocupar espacios de poder en el comercio exterior con Matías Tambolini frente a la tarea que cumple Cecilia Todesca en Cancillería. Y también empezó a ocupar la agenda internacional con el viaje que realizará a fin de mes a Estados Unidos y en septiembre a Francia y Qatar. 

El presidente Biden conoció a Massa en el 2016 durante el mandato de Macri

De la postergada visita de Alberto Fernández a Biden en la Casa Blanca no se sabe nada aún. Pero ese encuentro tampoco cambiará la idea de 'Pato rengo' del jefe de Estado, sobre todo si se abraza al presidente norteamericano que también está en picada en las encuestas.

El horizonte de Alberto Fernández con Massa como superministro, Cristina Kirchner marcando la cancha, las encuestas limando su imagen y el proyecto reelección acabado son el peor escenario de un Presidente tan lejos del término natural de su mandato y cuyo reloj de final político se le adelantó ya muchos meses.

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