Opinión

Un almirante y un exvicepresidente reconstruyen el puente entre Argentina y Brasil

Las dos figuras clave que facilitaron un diálogo entre Jair Bolsonaro y Alberto Fernández.

Días atrás se sucedió la visita del Almirante Flavio Viana Rocha a la Argentina por iniciativa del actual embajador argentino en Brasilia, Daniel Scioli. La visita posee un significado muy importante para la relación bilateral, ya que el almirante Rocha es una de las personas del núcleo político más cercano al presidente Bolsonaro en Brasilia.

La relación del presidente Bolsonaro con el almirante Rocha viene de la época en que el jefe de Estado era diputado nacional, y el entonces capitán de navío Flavio Rocha trabajaba como enlace entre el poder legislativo y la Marina de Brasil. Rocha, desde el inicio, fue parte del grupo de militares que apoyó la candidatura de Bolsonaro y luego a inicios del año pasado fue nombrado Secretario Especial de Asuntos Estratégicos, el equivalente al puesto de Gustavo Beliz en Argentina.

Rocha recibió su cuarta estrella en marzo del año pasado bajo la administración Bolsonaro, y sigue estando como cuadro activo de la Marina pese a su cargo político, lo cual ha generado recelo en el núcleo bolsonarista.

El almirante actúa con discreción, bajo perfil y su despacho en el tercer piso del Palacio de Gobierno se encuentra a pasos de la oficina presidencial. Protegido por Bolsonaro, hasta ahora no ha pensado en pasar a la reserva pese a sus intenciones de crecer políticamente. Cabe resaltar que este es un trato diferente al que se le dio a otros militares que ocupan cargos públicos importantes, como fue el caso del general Luiz Eduardo Ramos, ministro de la Secretaría de Gobierno, quien se vio obligado a pasar a la reserva. Este pequeño detalle, es muy importante, para entender cuánta confianza se ha generado el almirante y el presidente.

Esa misma confianza en el almirante Rocha, había llevado a su designación el 14 de febrero del 2020, día en que Bolsonaro realizó una serie de cambios en la SAE (Secretaría Especial de Asuntos Estratégicos), donde vinculaba directamente la SAE a la Presidencia de la República, transfiriendo los poderes del asesor especial de la Presidencia al paraguas de la SAE. Cabe recordar que antes, la cartera estaba vinculada a la Secretaría General, comandada por el ministro Jorge Oliveira, amigo personal del presidente.

Ese ajedrez realizado por Bolsonaro en ese momento, tuvo como objetivo darle más fuerza al "ala militar" por sobre el "ala ideológica", ya que, al traspasar las competencias de la asesoría especial de la Presidencia al paraguas del SAE, Bolsonaro adoptó una medida que, en la práctica, buscó reducir la influencia de la llamada ala ideológica muy cercana al gobierno Trump, influenciado por el escritor y filósofo brasileño Olavo de Carvalho amigo personal de Steve Bannon.

En esa época se pudo observar cómo el gobierno de Bolsonaro iniciaba su estrategia de negociación más realista con el Congreso liderada por el "ala militar moderada" en conjunto con el "centrão", donde su principal logro fue frenar su impeachment en mayo del año pasado.

El colosal desafío de acercar a dos polos opuestos

Cuando el actual presidente Alberto Fernández gana las elecciones presidenciales en Argentina, uno de sus grandes desafíos más allá del problema económico, era encontrar la forma de recomponer las relaciones con Brasil. Cabe recordar que el presidente Bolsonaro no solo apoyo públicamente la reelección del expresidente Macri, sino que también atacó al actual gobierno argentino durante todo el año 2019, y el 2020 en el marco de las elecciones municipales en Brasil. Su visión era tan distante de Argentina, que fue su vicepresidente, Hamilton Mourão, quien vino a la asunción presidencial en diciembre de 2019.

El rol de Scioli

Cuando Daniel Scioli fue nombrado embajador, poco antes que se destara la pandemia, éste se encontraba frente a un gran desafío, ya que comenzaba sus primeros pasos en Brasilia, con el retraso en instalarse físicamente por las dificultades logísticas y sanitarias que representaba la pandemia, pero también porque el gobierno de Bolsonaro estuvo inmerso en una compleja crisis política hasta mediados de año. A esto había que incorporar el contexto internacional, donde Brasil se alineaba fuertemente con Estados Unidos en su apuesta por la reelección de Trump y surgían rispideces con otras potencias como Francia por el tema ambiental y China por la agenda de comercio bilateral.

Y como frutilla del postre, en noviembre se celebraban las elecciones municipales en todo Brasil, llevando a Bolsonaro a estar en campaña, y consecuentemente generando algún ruido por sus dichos sobre el gobierno argentino.

En ese contexto es que, en el segundo semestre, desde la embajada argentina se inicia un proceso de aproximación al Secretario de Asuntos Estratégicos, el almirante Rocha. Luego de una visita protocolar donde el embajador argentino generó muy buena impresión en el almirante, según se comentó en los pasillos del Planalto. Más tarde, posiblemente con la venia del presidente, el almirante Rocha invita al embajador a cenar a su residencia con el objetivo de buscar una forma de reconstruir un canal de diálogo entre ambos países.

Allí surge la idea de realizar el primer encuentro entre ambos presidentes por videoconferencia a fines de noviembre para descongelar la relación bilateral, para luego avanzar con una mayor aproximación política entre ambos países con alguna visita bilateral.

Desde ya es innegable que, a partir de la derrota de Trump, el gobierno Bolsonaro ha comenzado una nueva estrategia de política exterior, buscando construir lazos con la administración Biden, bajando las tensiones con China e intentando apaciguar al presidente Macron con un relanzamiento del compromiso con la agenda ambiental.

En este proceso de reconstrucción de la política exterior brasileña, muchos en Brasilia ven difícil que el actual canciller Ernesto Araujo se mantenga en el cargo, abriendo espacio al posicionamiento de varios actores, desde la actual ministro de Agroindustria Teresa Cristina, quien ha sido de facto la responsable por la estrategia de integración con el mundo; hasta el expresidente Michel Temer, quien ha tenido relación con Biden en su época de vicepresidente de Dilma y posee lazos con el gobierno chino, pero que debido a su postura de apoyar al candidato de oposición en la disputa por la presidencia de la Cámara de Diputados no sería visto con buenos ojos por Bolsonaro.

Desde el Itamaraty, mucho creen en la figura del embajador en París, Luis Fernando Serra. Hasta rumores del expresidente alejado por un juicio político como Fernando Collor aparecen como opciones debido a la necesidad del gobierno de agradar a su base aliada en el Congreso. En este río revuelto cabe destacar que no sería de extrañar que Bolsonaro busque para el cargo un hombre de su confianza, un militar que haya podido demostrar su capacidad en el terreno, por lo que nadie descarta al propio almirante Rocha.

La relación bilateral volverá a ser testeada nuevamente, como se observó con el relanzamiento del discurso aperturista de Bolsonaro junto al presidente de Uruguay en el contexto de la visita de estado de este último a Brasilia. Donde se observa el fortalecimiento político de Bolsonaro luego de la victoria política contundente en la elección de sus delfines para presidir ambas cámaras del Congreso. En este contexto, frente a una relación bilateral que por rasgos ideológicos "insalvables" nunca será cercana, y personal entre Bolsonaro y Fernández, el puente de confianza construido entre Scioli y Rocha, que llevo a la concreción de la visita del almirante a Buenos Aires, deberá ser el cimiento para reconstruir la relación bilateral, tan necesaria para ambos países.

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