Desde hace tres meses, en la esquina de Salta e Independencia se puede ver entre las 6 y las 21 una fila de gente en la calle que espera su turno para entrar a la Panadería Del Pueblo.
El por qué de esta postal no tiene mayores misterios. Aquí, la docena de facturas se vende a $ 7, contra los $ 24 que, en promedio, cuesta en el resto de las confiterías.
Ante este fenómeno, muchos se llevan algo para leer, e incluso su propia bolsita, un dato para nada menor ya que un cartel pegado a la caja registradora es terminante: No insista. No damos bolsas.
Entonces, ponen las facturas en una bandeja de cartón, tal como si uno estuviera comprando masas. Pero a precio de caramelos.
Claudio Ritson, el dueño del emprendimiento que ya opera otras tres sucursales propias de la cadena, en Lanús, se puede jactar de haberle ganado de mano al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.
En sus vitrinas se destaca una gran leyenda Facturas para todos, y otra que anuncia el Pan para todos, a $ 2,50 el kilo, tal como pregona el precio oficial, aunque grandes cadenas de supermercados ya dejaron de exhibir el cartel que promocionaba esos valores.
Ritson asegura que no tiene ningún vínculo con el Gobierno, pero su local bien podría ser tomado en cuenta por el Indec como un nuevo lugar para realizar las mediciones de precios.
Es que, por si fuera poco, el emprendedor sostiene que podrá mantener el mismo precio durante un año, y el único aumento que hizo fue la semana pasada, cuando la docena de facturas pasó de $ 6 a $ 7. Es que el de $ 6 era un precio promocional, advierte, como si el actual no lo fuera.
¿Cuál es el secreto del negocio, que vende miles de docenas de facturas diarias y está abierto todos los días, salvo los lunes? Tener márgenes muy acotados de rentabilidad, ya que por docena ganan sólo el 12%, y la compra de insumos es en gran escala.
Ahora los proveedores se pelean por vendernos. La harina se la compramos directo al molino. Lo mismo con el azúcar, con la margarina, con las bandejas de cartón y con el papel para envolver las facturas, dice Ritson, un evangelista hijo de panadero de toda la vida, que se levanta todos los días a las dos y media de la mañana para ir a la fábrica y hacer el reparto, como si fuese el cadete de la empresa.
A la una de la tarde, cuando se produce el cambio de turno, se lo puede ver por el local como si fuera uno más controlando que nadie se vaya sin pagar y recibiendo a la gente que lo viene a ver.
Este éxito, incluso, ya tienen un clon, la primera franquicia que lanzó la Panadería del Pueblo. Su dueño es Sergio Suaya, que la semana pasada invirtió $ 45.000 para ser el primer franquiciante en abrir un local en Lavalle y Esmeralda, y espera recuperar su inversión en un año, mucho más rápido que otras franquicias que estuvo evaluando, como Avon, por ejemplo, que debía aguardar cuatro o cinco años.
Suaya cambió su rutina y ahora se debe levantar a las cinco de la mañana para recibir la mercadería, y debe estar haciendo números para que el negocio cierre, ya que un encargado gana $ 5.000 y un peón $ 2.400, aunque la utilidad es de sólo $ 0,84 por docena vendida, contra los $ 5 que suele ganar una panadería tradicional.
Demanda un ajetreo constante vender tanta cantidad, aunque nosotros como recién empezamos estamos sólo despachando 300 docenas diarias, cuenta, y anticipa que, cuando recupere el capital, planea abrir otra sucursal, posiblemente en Malabia y Charcas, una zona que le atrae tanto por su volumen habitacional como por su buena ubicación.
Pero quienes buscan facturas para todos no deben esperar tanto, ya que la semana próxima está prevista la apertura de la segunda franquicia, que será en la zona del Abasto, en Lavalle al 3500.
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11-05-2012 21:36:52Denunciar
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11-05-2012 13:07:10Denunciar
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27-04-2012 09:45:27Denunciar
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03-03-2012 12:13:19Denunciar
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26-02-2012 15:40:28Denunciar