La estrategia de Cristina parece acertada pero hasta ahora no le ha dado mayores resultados. Desde el primer momento en el que Hugo Moyano comenzó a desafiarla con el paro y la movilización que arrancó esta madrugada, la Presidenta buscó congelar a su ex aliado en la vereda de la irracionalidad. No le faltan motivos ante un líder gremial que ha construído buena parte de su mala reputación sobre el reclamo salvaje. La batalla por ahora es entre ellos dos y el escenario es el peronismo. Sin embargo, el pedido de rebaja del impuesto a las Ganancias y la extensión de las asignaciones familiares ha llevado el debate a sectores más amplios de la sociedad y lo ha transformado en una decisiva discusión por el poder futuro.
La primera estocada quedó en manos de Amado Boudou, presidente fugaz mientras Cristina estaba en la Cumbre del G20 en México. Amenazó a Moyano con aplicarle la ley de abastecimiento y lo acusó de querer jorobarle la vida a los argentinos. El encargado de responderle fue su hijo Pablo, el duro titular de Camioneros que jamás esquiva las definiciones fuertes. Parece que salió del sarcófago; que responda a las denuncias en la Justicia, lo remitió al escándalo Ciccone. ¿Resultado? Boudou no volvió a participar de la discusión. El siguiente fue Julio De Vido, otro de los funcionarios que no pasa por su mejor momento. Al día siguiente del bloqueo camionero a la distribución de combustible, el ministro se hizo aplaudir en conferencia de prensa describiendo un mapa extendido de la Argentina desabastecida por los Moyano. Pero sucedió que el jefe de la CGT ya había negociado la paritaria de su gremio y acotado la protesta al reclamo por Ganancias. Por eso, el discurso de De Vido quedó viejo antes de terminar.
Entonces Cristina decidió intervenir personalmente. Se tomó el fin de semana libre y respondió ayer desde su tribuna preferida: la cadena nacional. La Presidenta le pegó a Moyano, a quien casi acusó por la muerte, en un accidente de tránsito, de 8 gendarmes que habían ido a desalojar la toma del yacimiento Cerro Dragón en Chubut. Y, siempre al borde del enojo, también maltrató a Daniel Scioli, su mayor adversario para el 2015 y a quien le dedicó una metáfora en la tercera persona maradoniana: No basta con poner la cara para las fotos; tienen todos que aprender a gestionar y administrar los recursos con la misma responsabilidad con que lo hace la Presidenta, se autoelogió.
Además de concentrar sus ataques en Moyano y en Scioli, la Presidenta hizo un rechazo explícito de la rebaja al impuesto a las Ganancias. Lo redujo a la categoría de simple gravamen para los ricos y calificó el reclamo de actualización como una falta de solidaridad social por parte del millón y medio de trabajadores que sienten cada vez más su impacto. Una vez más, Cristina habló como si la inflación no existiera en la Argentina o fuera realmente la del Indec. Pero la sensación es que algo comenzó a cambiar desde aquel blindaje del 54% de los votos en octubre. El descenso en su imagen que le anuncian algunas encuestas impacta especialmente por el lado de la credibilidad. El desafío de un Moyano que, hasta hace un mes parecía fuera de combate, es un exigente examen para un Gobierno que debe enfrentar la novedad de una economía en vías enfríamiento.
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27-06-2012 19:55:31Usuario Invitado
27-06-2012 17:40:44Usuario Invitado
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