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Miércoles 01.10.2014 | 17:16
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IT Business
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Las cifras impresionan: 400 millones de pilas, 10 millones, aproximadamente, de teléfonos celulares y 1,2 millón de computadoras. Tales números corresponden a los desechos anuales de millones de argentinos, según informa Greenpeace. Información proporcionada por la consultora especiliazada en temas de sustentabilidad, Grupo Eco.Gestiona, indica que, durante 2010, se vendieron un millón de televisores, unos 12 millones de teléfonos celulares, 1,2 millón de impresoras y cerca de 2,65 millones de computadoras entre PC, netbooks y notebooks. Se suman varios millones más entre heladeras, aire-acondicionados, equipos de audio y video, electrodomésticos, lavarropas, sistemas de alarmas, juguetes, entre otros. Esto significa que, sólo en 2010, se desecharon 120.000 toneladas de residuis electrónicos (unos tres kilos por habitante) en el país, según señalan desde Eco.Gestionar. Cabe recordar que la basura electrónica genera el 70% de la contaminación de metales pesados (mercurio, cadmio, plomo, bromo, selenio, otros) en basurales o rellenos sanitarios, según la Agencia Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés).
“Desde las lamparitas de bajo consumo con mercurio hasta las baterías de celulares con cadmio o los monitores con plomo y fósforo, la basura electrónica es un verdadero problema del siglo XXI. Nos volvimos electrónicos pero no queremos asumir la responsabilidad del postconsumo de los aparatos y herramientas que nos hacen la vida más fácil”, expresa el biólogo Gustavo Protomastro, especialista en Ingeniería Ambiental, del Grupo Eco.Gestionar.
Según Greenpeace, el problema tiene solución: los desechos electrónicos pueden transformarse en insumos de nuevos procesos industriales. Para que esto suceda, la organización establece que los consumidores deben segregar los desechos electrónicos y devolverlos a las empresas productoras o municipios al final de su ciclo de vida útil. Asimismo, las marcas, productoras o importadoras de electrónica deberían recibir, reciclar o disponer los desechos electrónicos. Por su parte, el Estado debería impulsar a empresas recicladoras (con créditos blandos, normas jurídicas claras, transferencia tecnológica) y facilitar la recolección municipal, entre otros puntos.

Legislación
Para Daniel Truck, técnico y consultor IT de la empresa de soporte Com & Com, “los procesos de reciclado son caros y más aun cuando estamos hablando de componentes que tienen complejidad. Hay cobre, aluminio, oro, plásticos de alta densidad, y para la separación todavía se están fabricando algunas maquinarias. En Capital, producimos unos 7 kilos de basura per capita. En la ciudad, está pendiente la aplicación de la Ley Nr° 1854/05 de Basura Cero”.
Mientras, Greenpeace impulsa, desde 2008, a nivel nacional, un proyecto de ley de basura electrónica o de Residuos de Aparatos Electrónicos (RAEE) que pareciera brindar la solución para que los aparatos se reciclen y reutilicen. “Estos cambios esperados a partir de la posible sanción de la Ley RAEE, se sumarían a la reciente legislación que instituye impuestos internos de 26% y duplica el IVA, desde 10,5% al 21%, a los productos electrónicos e informáticos importados o producidos en el continente (salvo para los producidos en Tierra del Fuego)”, indica Protomastro y continúa: “Quedan exceptuados monitores, notebooks y netbooks fabricados en cualquier punto del país. Los fabricantes de equipo y material electrónico están representados en un 84% por micro y pequeñas empresas; mientras que las grandes sólo son el 8%, pero concentran el 88% de las ventas y 80% del Impuesto a las Ganancias”.
Según informa el especialista, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, llamados globalmente e-scrap (chatarra electrónica) o e-waste (basura electrónica), en la actualidad, entran dentro de tres regulaciones. Por un lado, la Ley Nacional de Gestión Integral de Residuos Domiciliarios 25.916, por la cual son considerados como residuos domésticos o sólidos urbanos y, por ello, pueden ser gestionados por los servicios de recolección domiciliaria y dispuestos en basurales y rellenos sanitarios.
Por otro lado, la Ley Nacional de Residuos Peligrosos 24.051, que considera algunos componentes de los RAEE como desechos riesgosos por estar contaminados con corrientes de desecho peligrosos como cobre, zinc, cromo, plomo, PCBs, entre otros.
Finalmente, la Ley Nacional de Presupuestos Mínimos 25.612 para la Gestión de Residuos Industriales y Comerciales, parcialmente vetada, que da un marco a la gestión de residuos comerciales y posconsumo.
La Legislatura bonaerense sancionó este año una ley que regula la generación de residuos electrónicos en la provincia. La norma promueve la reutilización y el reciclado, evitando que la basura “muera” en los basurales.

Reciclar
“En la Argentina, la gestión de RAEE constituye un nuevo tema prioritario para las inversiones y estrategias comerciales para las empresas OEM (Original Equipment Manufacturer) o productoras, ya sean fabricantes o importadores”, comenta Protomastro. Una firma que apunta en esa dirección es Silkers. La compañía nació a principios de los ‘90, fue una de las primeras empresas locales dedicadas al desmonte de centrales y al recupero de metales. “Hoy, somos una organización de gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, con foco en procesos de valorización de equipos de informática y telecomunicaciones, aparatos electrónicos de consumo, pilas y baterías”, afirma Verónica Calona, responsable de Asuntos Institucionales y Medio Ambiente de Silkers.
La gestión de la compañía, ubicada en la zona sur del Gran Buenos Aires y que emplea a 18 personas, involucra servicios de recolección, separación, acopio temporal, valorización, reciclado y recupero de materiales base. “El reciclado es una actividad económica e industrial importante que, a su vez, genera beneficios ligados a la protección del medio ambiente por medio de la reducción del consumo de recursos (metales, plásticos) y la disminución de los impactos producidos por contaminación en el medio ambiente y la salud de las personas”, indica Calona y continúa: “El reciclado y la valorización son, por definición, procedimientos que permiten el aprovechamiento de los recursos contenidos en los residuos”.
Silkers trabaja con entes gubernamentales, empresas privadas ligadas a la comercialización de RAEE y con compañías comprometidas ambientalmente, que buscan racionalizar la disposición de este tipo de aparatos.
Entre las grandes empresas que poseen alianzas con Silkers se encuentra Epson. En 2006, la compañía realizó un acuerdo para el tratamiento y reciclaje de los residuos electrónicos. Éste consiste en recuperar los residuos de aparatos electrónicos de la empresa mediante el reciclado. Hasta la actualidad se han entregado a Silkers 210 toneladas de equipos para proceder a su reciclado sustentable, informan desde Epson. “La iniciativa de Epson, Visión Medioambiental 2050, refleja su objetivo de reducir las emisiones de CO2 en un 90% durante la vida útil de todos los productos y servicios para 2050. El exceso de C02 está considerado como la principal causa del calentamiento global, motivo por el cual se sitúa como el gran objetivo en la visión medioambiental de la compañía”, afirma Adriana Banar, gerente Regional de Publicidad e Imagen de Epson. Más allá del mensaje positivo que quieran generar tales declaraciones ante la base de consumidores, este tipo de iniciativas pueden tener un peso no menor. “Las impresoras, mayormente los equipos económicos, no son durables. Las piezas se desgastan y, por los costos, conviene el reemplazo del mismo antes que intentar repararlo. Si ya tienen un equipo funcionando o no, mi recomendación a la hora de adquirir uno nuevo es averiguar qué programa de recambio ofrecen las empresas”, amplía el especialista Alberto López, desde la consultora Com & Com.

Responsabilidad
Otro ejemplo es el de Clorox, que implementó un programa de donación de equipos electrónicos a la Fundación María de las Cárceles. El objetivo es que este material sea reutilizado y/o reciclado en los talleres que la organización dicta en diferentes penales. En total, en 2011, se recicló aproximadamente el 30% del parque de computadoras en uso de la empresa. “En la compañía, cuando los equipos son reemplazados, tratamos de que no se conviertan en residuos tecnológicos. Por eso, promovemos la donación de este equipamiento a otras organizaciones que lo puedan reutilizar”, afirma Viviana Donikian, directora de Recursos Humanos para Latinoamérica Sur de Clorox. Cuestión de conciencia y cultura.
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