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Martes 25.11.2014 | 22:10

Empresas
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Para el poeta y filósofo cubano José Martí hay tres premisas que todo hombre debe cumplir para ser feliz: “plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. Felipe Ayllón es un ingeniero agrónomo que acaba de pasar la barrera de los 40, pero sin embargo no perdió tiempo a la hora de seguir los consejos de Martí. Aunque le resta la tarea de escribir un libro, es ya padre de tres hermosas niñas y plantó mucho más que un árbol en su vida.

Ayllón es dueño de Quinta Fresca, una empresa pionera en el segmento de delivery de frutas, verduras y productos frescos, que llegan en pintorescas camionetas a sus clientes desparramados por La Plata y, Sur y Norte del Conurbano Bonaerense. Él mismo se encarga de supervisar cada día el proceso que lleva a los productos desde la huerta hasta la puerta misma de sus clientes.

Para contar la historia de esta empresa hay que remontarse muchos años atrás, cuando Felipe pasaba los veranos en la quinta familiar anclada en pleno cinturón frutihortícola de La Plata. “Nuestros vecinos eran quinteros, inmigrantes italianos y españoles y ahí teníamos nuestra propia huerta para abastecernos. Teníamos épocas en que producíamos de todo y otras en que nada”, recuerda.

Con una madre que hacía gala de la buena cocina, comer platos como un pollo con mermelada de cebollas y estragón, un soufflé de hinojos o una salsa casera de tomates era tarea corriente. Esas comidas tenían además el sello 100% Ayllón, ya que en su mayoría provenían de la huerta familiar.

A la hora de elegir una carrera la sangre tiró y siguió los pasos de su padre Ricardo, ingeniero agrónomo y un verdadero ‘gourmand’ que le enseñó los secretos de los buenos maridajes y a disfrutar y vivir cada comida como una experiencia en sí misma.

Años después, Felipe dejó de jugar entre los pasillos de la huerta y comenzó a mirarla como otros ojos. Fue entonces que vio en ella una posible salida laboral. Primero empezó a vender lo que plantaba en una camioneta casi destartalada que recorría las calles de La Plata. Como en casi todo emprendimiento, amigos y familiares fueron los primeros clientes.

“Ese año me fui de vacaciones porque en La Plata no quedaba nadie para venderle nada y en ese tiempo de descanso empecé a limar la idea y me puse las pilas”, rememora. Esas vacaciones le sirvieron para idear el que sin saberlo fuera su primer y rudimentario plan de negocios.

Dejar el barrio atrás

Lo primero que entendió en ese tiempo de relax fue que había que salir de La Plata, donde la competencia era demasiada. La segunda definición a la que llegó es que debía sumarle valor agregado al producto: “No quería sólo vender un cajón de acelga”, aclara.

Por entonces, comienzos de los '90, se dio cuenta que la gente que no se iba de vacaciones se quedaba los veranos en los countries de zona norte. Así llegó a las puertas de los barrios cerrados más selectos con su oferta de frutas y verduras frescas. Al terminar el verano esa misma gente volvía a sus casas de la Capital Federal. Allí se produjo un momento visagra en la historia de la compañía: transformar a esos compradores golondrinas en clientes fieles.

“Empezamos a llegar a barrios como Caballito o Belgrano para atender a los clientes del verano. De paso aprovechamos para volantear y el boca en boca de los vecinos nos sumaba más clientes. De repente estábamos en el centro”, rememora.

En esos años, Internet estaba lejos de ser la herramienta de venta que hoy es para la compañía, que centra sus operaciones en el comercio online y telefónico.

“El servicio era realmente malo.Hacíamos macanas”, reconoce hoy Ayllón y cuenta que una de las mayores crisis que pasó la firma fue “comenzar a crecer en tasas que no podíamos manejar”. “Nos superaba la demanda y hasta queríamos desconectar el teléfono".

Tuvo que decidir si crecer en cantidad o crecer en calidad de producto. Y prefirió el segundo: “Fuimos cambiando el target. Empezamos muy barato y pasamos a más exclusivo. Antes nos elegían por barato, hoy por bueno. Eso hizo que el mercado se achicara”.

Ayllón se reconoce “un obsesivo de la calidad” y le gusta que los clientes lo reconozcan por ello. A pesar del crecimiento no pierde la cercanía con el cliente y es su propia esposa una de las que atiende en forma telefónica los pedidos. Eso los ayuda a no perder el eje y escuchar de boca del cliente cuáles son las fallas del día al día.

La propuesta de la firma es que el comprador reciba en su casa alimentos especialmente seleccionados, 100% aprovechables, pre-lavados y envasados. A ello se suman extras para seguir fomentando esa relación distinta con el cliente como originales recetas y novedosas formas de preparación.

En la actualidad la firma no solo ofrece frutas y verduras, sino que además cerró distintos acuerdos con primeras marcas que le permitieron también ofrecer quesos artesanales elaborados con leche de vaca, cabra y oveja, pollos y huevos de campo, carnes de novillito y cordero envasadas al vacío, jamones, fiambres y embutidos, aceite de oliva y conservas, pastas secas italianas, miel, dulces y frutas secas, vinos premium, flores frescas y hasta plantines de hierbas aromáticas.

Felipe considera que los emprendedores jóvenes ven su modelo consolidado recién dentro de “dos generaciones”. “No me propuse un montón de cosas y pasaron. No tenía formación empresarial ni venía de familia de empresarios. Aprendí como pude, me mandé dos millones de macanas”, reconoce hoy mirando para atrás a ese pibe que alguna vez plantaba frutillas durante los veranos en la quinta familiar.

Solo le queda escribir un libro. Quién tiene dudas que tiene muchas historias para contar.

Ficha técnica:


Año de fundación: 1990

Empleados: 70

Ultima facturación: 12 millones de pesos

Servicio de delivery de frutas, verduras y productos frescos

Zona alcance: Capital Federal y Gran Buenos Aires

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