OPINIÓN

Sin una varita mágica para reducir la inflación

La Argentina casi no tiene reservas. Para ser más precisa, casi no le quedan reservas netas líquidas de libre disponibilidad. Es decir, gran parte de las reservas que se muestran en el balance no se deberían utilizar. Nótese la elegancia que la ue utilizo el tiempo de verbo en potencial, es decir que sólo es una hipótesis o una condición que puede o no cumplirse. Y por lo tanto, sí las puede usar.

En el balance del Banco Central debemos tener en cuenta tanto el activo como el pasivo, su composición y el ritmo o tasa al que aumentan o disminuyen. Simplificando, se trata de las reservas en el activo y de la base monetaria y títulos emitidos por el BCRA en el pasivo. El ritmo de crecimiento de los activos muestra que las reservas casi no devengan interés y caen por pagos de deudas e importaciones más rápido que lo que ingresa por exportaciones. Por el lado del pasivo es fácil: las Leliq tienen una tasa que todos conocemos (aproximadamente 40%). Es decir que el pasivo crecerá más rápido que el activo, a menos que las reservas cambien de valor, es decir, se devalúen.

Aparentemente el Central está intentando modificar la tasa de devaluación para que se aproxime a la tasa de mercado. Es una decisión muy difícil, ya que si acelera la devaluación corrige desequilibrios con el dólar libre pero al mismo tiempo genera más presión para importar pronto y demorar exportaciones. Si no la acelera, el atraso cambiario es un lastre fenomenal sobre las exportaciones. Haga lo que haga, tiene impacto sobre costos de las empresas, y siempre será criticado. El proceso puede ser rápido o lento pero inexorablemente debe haber una coordinación con la política fiscal. No envidio al presidente del BCRA.

En el pasivo tiene dos problemas. Por un lado crece rápidamente por su propio endeudamiento, pero por otro tiene una fenomenal demanda por parte del Tesoro que sistemáticamente le pide anticipos, los que implica aumento de la base monetaria que a su vez luego intenta reabsorber con títulos. Si, claro, también se anota en el activo la deuda contraída por el Tesoro pero todos sabemos que no se puede pagar en el corto plazo: si el Tesoro tuviera los fondos, no hubiera necesitado endeudarse.

Dejando esta disquisición contable, veamos los efectos prácticos para la tasa de devaluación. Si es menor que las Leliq, implica pagar una elevada tasa en dólares. Nos sale muy caro mantener "quieto" el dólar, con una devaluación de "sólo" 22% (desde $84,15 a $102,72 entre el 31 de diciembre de 2021 y 2011 respectivamente) que fue la política de 2021. Es más, nos quejamos de la tasa de aproximadamente 4% del FMI, que al fin y al cabo responde a un criterio establecido hace ya unos años, y terminamos pagando una tasa muy cercana a 16% (38% de Leliq menos 22% de devaluación). No faltará un purista que indique que la fórmula es más compleja y que me falta mencionar la "bola de las Leliq", pero sirve para ilustrar el punto.

Si por el contrario la devaluación fuera mayor a la tasa de las Leliq, el riesgo que se corre es que haya aún más presión sobre el dólar y desaparezca la poca demanda de pesos que hay, con sus consecuencias. Una vez más, no envidio al presidente del BCRA.

Una mención light a los efectos de compra y venta de divisas por exportaciones e importaciones: si tuviéramos un magnífico superávit comercial, con la política de obligación de liquidar divisas actual, crecerían las reservas pero también la emisión. Para esterilizar esa emisión, se volverían a emitir Leliq. Es decir, algo sumamente positivo como aumentar las exportaciones tiene consecuencias negativas por nuestra política monetaria actual. Ya lo dije, no envidio al presidente del BCRA.

No olvidemos que el pasivo del BCRA es emisión actual o futura. Esta emisión, más el cepo y la brecha, generan un combo temible con las tarifas atrasadas, precios relativos desquiciados, salario real destruido y varios otros problemas. Con esas distorsiones la inflación sólo puede aumentar.

¿Qué opciones hay para reducir el descomunal crecimiento del pasivo del BCRA y algún día reducir la inflación? Muy pocas, ya que tenemos una política fiscal expansiva y deficitaria que requiere financiación adicional. Si con una varita mágica desapareciera el déficit fiscal primario y además se pagaran intereses, lo mismo tendríamos el déficit del BCRA. Este sólo se reducirá el día que el Tesoro empiece a pagarle sus deudas.

Puesto en esos términos, para reducir la emisión son tres los déficits que debemos solucionar: el primario, el financiero y el del Banco Central ¡Es mucho! Para algún día reducir la inflación y volver a crecer sin pasar por una devaluación desordenada es imperativo que el Tesoro reduzca los gastos y permita reordenar los precios relativos. Sólo podría mitigarse o demorarse vendiendo reservas, que es lo que ha estado ocurriendo. Volviendo al principio... La Argentina tiene muy pocas reservas.

Estimado lector, saque usted sus conclusiones.

Tags relacionados

Las más leídas de Columnistas

Noticias del día

Compartí tus comentarios

Formá parte de El Cronista Member y sumate al debate en nuestros comentarios