Enfoque

Otra vez sopa

Ahora es el turno del fideicomiso para sostener el precio del pan y los fideos. ¿Cuántas veces vimos la misma película? El impacto de la guerra en Ucrania aún no se sintió de este lado del mundo y el Gobierno imagina que cuando se sienta va a ser aún peor.

Para eso por vez número cinco en lo que va de su gestión, Alberto Fernández, decidió convocar a una especie de mesa de diálogo.

Los empresarios de la alimentación plantean que los aumentos que se dieron durante los últimos días tienen que ver con la distribución y comercialización. Aseguran que son esos los eslabones de la cadena que hay que revisar, y no los productos tal como salen de fábrica. Además creen que el grado de informalidad que hay en el sector hace que la competencia desleal vaya en aumento y que quien no paga impuestos como los comercios registrados, se hacen un colchón importante de dinero ahí y pueden poner los productos al precio que quieran.

El Gobierno volvió a hablar de comité de crisis. Esta vez para que en el plazo de 24 horas se informen los motivos por los que los precios de algunos productos se dispararon en las últimas semanas sin motivo. Y tal como viene sucediendo en varias oportunidades durante esta gestión, deja sobrevolar el fantasma de la "ley de abastecimiento."

"Nosotros no esperamos que se tomen medidas atolondradas", aseguran los empresarios, "no sea cosa que el remedio sea peor que la enfermedad."

Claro, el tema es que el gobierno de Alberto Fernández lleva 2 años en la gestión. Sin embargo asegura que "fuimos engañados" por un ex presidente que subestimó el tema de la inflación en la Argentina.

¿Cuánto tiempo se necesita para tomar medidas que ataquen el mal endémico de los argentinos? ¿Es tiempo o es decisión? ¿Las decisiones se pueden tomar en soledad cuando se es parte de un Gobierno de coalición?

El campo se para en pie de guerra porque el aumento a las retenciones al aceite y la soja para subsidiar el aumento de la harina les huele a medida vieja.

La ley de Abastecimiento nunca fue exitosa en la Argentina.

La línea de créditos a tasa subsidiada para la compra de trigo fue lo que mejor cayó de lo poco y nada anunciado hasta ahora por el Ejecutivo.

¿Y Cristina? Bien, gracias. En la Casa Rosada, aguardan tras bambalinas una nueva expresión de la vicepresidenta por carta o alguna manifestación de parte de los intelectuales K en contra de la gestión y del acuerdo con el Fondo, claro.

El Gobierno parece paralizado por la fractura en la coalición que quedó expuesta cuando la propia portavoz del gobierno nacional dijo que Cristina no le contestó los llamados al Presidente cuando le habló para solidarizarse por el ataque a su despacho en el Senado en momentos en que en Diputados se trataba el entendimiento con el Fondo.

Alberto se lanza a declarar una "guerra" contra la inflación cuando aún no había medidas concretas definidas para intentar ganar el combate. Y nadie lo sostuvo.

Las redes sociales, que disfrutan de la exposición impune que brinda el anonimato marcan el humor social y la imagen de la figura de un presidente al que se ve cada vez más desgastada.

¿Cómo se intenta no romper algo que ya está roto? De un lado o del otro de la coalición aseguran que ambos ven lo que queda del Gobierno como una transición a lo que viene.

No hay funcionarios que se atrevan hoy a hablar de un nuevo período para este Gobierno. Nadie trabaja para una reelección, salvo, el propio Alberto que cree poder dejar la economía con números más favorables a los que dejó el gobierno de Cristina en su momento. No hay funcionarios que se animen a acompañarlo en su pensamiento. Y por otra parte, claro, el futuro electoral del kirchnerismo tampoco se va a rifar tan fácil. Cristina evalúa casi en silencio quién de sus hombres dentro del Gabinete puede lograr un mejor resultado que el que hoy podría alcanzar su principal adversario.

Con este marco, que se parece a una lucha que despierta cada vez que hay un tema sensible como el acuerdo con el Fondo por ejemplo, o como la discusión por tarifas que se viene, parece imposible pensar en una mesa de diálogo real que arroje resultados positivos.

El conflicto interno no cede y es por eso que los propios dirigentes oficialistas comenzaron en una especie de operativo clamor a pedir públicamente que Cristina y Alberto reestablezcan las conversaciones.

Con Martín Fierro en mano o sin él, intentan que el primer diálogo empiece por casa.


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