COLUMNISTAS

Los bonos argentinos están caros: la infernal odisea del próximo presidente

La competencia política no se da en la dimensión de ofrecer mayor productividad, eficiencia y educación a la sociedad sino en quien sugiera la versión más simpática de un mismo populismo de base

El Karma irremediable de la Argentina. El populismo es el más conservador de los sistemas políticos, aunque en apariencia se presenta a la sociedad como "progresista". Ese populismo tan arraigado en políticos y electores argentinos reducirá notablemente las chances de una indispensable recuperación económica de cara al 2024.

Lamentablemente, la competencia política no se da en la dimensión de ofrecer mayor productividad, eficiencia y educación a la sociedad sino en quien sugiera la versión más simpática de un mismo populismo de base, un populismo celebrado incluso por una sociedad que lamenta permanentemente cómo vive pero que a la vez se niega a aceptar los formidables costos que implicaría evolucionar.

Se desploman los bonos argentinos: sin respiro ni esperanza posible

Lula presidente: cómo reaccionará el mercado con el nuevo gobierno del PT

Existen en la actualidad cuatro versiones de populismo: 

  1. Populismo peronista;
  2. Populismo amarillo;
  3. Populismo radical;
  4. Populismo rock liberal. 

Independientemente de los fuegos artificiales involucrados en el mensaje, estas cuatro versiones son muy similares en su esencia básica. Noten, por ejemplo, que las cuatro apoyan la permanencia de planes sociales en búsqueda de ese mayoritario voto popular

La competencia política no se da en la dimensión de ofrecer mayor productividad, eficiencia y educación a la sociedad.

Sin embargo, y contra este mensaje tan generalizado, la Argentina de hoy no tiene otra chance que un muy severo ajuste fiscal y no veo a ningún candidato que siquiera sugiera dicho aspecto. Como siempre, la mayoría de los argentinos cree que con el próximo gobierno, cualquiera que sea, esto se arregla en semanas, lo cual es una receta vertiginosa para transicionar de la esperanza a la frustración en muy poco tiempo tal como tantas veces hicimos en el pasado.

Ningún político que prometa mejora sin sacrifico dice la verdad en esta Argentina de hoy. Argentina se ha convertido en una sopa sin sal que aburre todo el tiempo. En este contexto de una crónica y frustrante involución, percibo analistas locales que todavía insisten una y otra vez con que la deuda soberana argentina está barata.

Quizá lo esté con respecto a nuestra historia, pero también es cierto que la Argentina de hoy es muy distinta a cualquier versión que jamás hayamos visto de nuestro país, el deterioro es históricamente inmenso al punto tal que revertir la situación actual llevará generaciones enteras y esto supone hacerlo todo bien desde mañana mismo.

Los costos de un verso eterno y las "dimensiones de la sarasa" que ya no funcionarán para el próximo presidente.

Crece el auxilio del BCRA al Tesoro: ya compró $ 155.000 millones en deuda

Nuevo canje de bonos: buscarán rollear a un año vencimientos por casi $ 1,7 billones

Primero, "créanme porque esta vez, cambiamos". No hay chance. No hay un sólo inversor que se crea esta metáfora tan criolla y recurrente, como el mismísimo Carlos Gardel. Simplemente, los argentinos nos encargamos de mostrarle al mundo que no estamos dispuestos a cambiar porque hacerlo es sumamente sacrificado. La evolución simplemente no está en nuestra secuencia de ADN.

Segundo, "al principio no haremos ningún ajuste porque nos financiaremos con deuda externa en Wall Street". No hay chance. La deuda argentina cotiza a niveles cercanos al default del 2001, financiarnos a esas tasas es totalmente imposible. La República del Congo, una de las naciones más extremas en lo referente a cotización de riesgo país, está mucho mejor que Argentina.

Tercero, "si no podemos pasarle la gorra a Wall Street vayamos con el FMI que es más benévolo". No hay chance. Al FMI lo venimos pateando desde hace años, somos la peor pesadilla del FMI.

Cuarto, "entonces si no tengo financiamiento externo, lo haremos con emisión local en pesos". No hay chance. Con una inflación que supera el 100% anual, la emisión ya no tiene espacio: somos Costa Pobre por elección propia.

Quinto, "síganme porque esta vez me salva la soja". No hay chance. Es altamente probable que el mundo entre en recesión global y en crónica falta de crecimiento. A los commodities les suele ir muy mal en ese escenario.

Sexto, "entonces privatizo y me hago de caja". No hay chance. Ya nacionalizamos forzosamente casi todo lo que habíamos privatizado en los 90, empomamos a un montón de gente, nadie nos va a creer.

Con una inflación que supera el 100% anual, la emisión ya no tiene espacio

Séptimo, "entonces deberé hacer cirugía, pero si lo hago duro una semana en el cargo". Todas las chances. Sin cirugía no hay chance económica y con cirugía no hay chance política. Esta es la razón por la que los bonos argentinos cotizan tan castigados, todo el mundo lo sabe: Argentina pareciera estar carísima y sin aparente solución independientemente de los rallies que pudieran ofrecer de vez en cuando y esto es optimista porque ni siquiera contempla la posibilidad de una severa sequía que podría afectar sustancialmente los ingresos en dólares vía exportación.

Octavo, "entonces, ¿qué hago?". Ese es tu problema, para eso sos candidato o candidata.

Y, del otro lado del mundo a nivel de valor accionario, Estados Unidos siempre encuentra la forma de reinventarse y volver a dar razones para generar valor. Por el contrario, la Argentina siempre encuentra razones para destruir valor, por lo que la estrategia de comprar "activos rotos norteamericanos" domina ampliamente sobre la de comprar activos argentinos. 

Esta realidad se suma a una noción generalizada del mundo hacia la Argentina: alguna vez y hace mucho tiempo atrás creyeron en nuestra capacidad de cambiar y aquí estamos otra vez con una nación que no cambió y que ofrece récords en niveles de pobreza e inflación. 

Esta vez aun con nuevo presidente en 2024 y con todo el auge que esa circunstancia pudiera ocasionar, el mundo no nos va a conceder la carta de la esperanza, Argentina no podrá favorecerse de expectativas favorables, sino que primero debemos mostrarle al mundo que somos capaces de articular una estrategia de país con un sendero creíble a largo plazo, cosa que jamás pudimos articular desde que Colón conquistó América.

El 2022, tal como el 2020, quizá esté dando una oportunidad para arbitrar entre "roto por roto" en el sentido que ha propinado una formidable destrucción de valor en el mercado global de acciones. Quizá en vez de estar bancando una posición interminable en bonos argentinos que dependen de una sarasa eterna de nuestra habilidad de mejorar y cambiar lo cual nunca es cierto, tenga mucho más sentido posicionarse en rotos tecnológicos y para ello existe una enorme muestra de papeles con retornos negativos de hasta el 80% en lo que va del 2022. 

De esta forma, se plantea un escenario similar al del 2020 con el COVID: ¿Qué tendría más sentido, seguir insistiendo en un país que no tiene chances aparentes de mejora inmediata o, por el contrario, ir a buscar valor en acciones tecnológicas norteamericanas que cotizan al 20% de su valor de inicio de año y olvidarse de la increíble milonga argentina?

Y en este sentido de "credibilidad de largo plazo" es en donde vuelvo con lo sugerido en el primer párrafo. Si todo lo que se escucha de nuestros políticos son propuestas populistas con distintos grados de intensidad, si todo lo que demanda nuestra ciudadanía son soluciones populistas que nunca funcionan en el largo plazo, no veo chances de que la deuda argentina pueda recuperarse de manera consistente sin una señal contundente que apunte a una reforma del Estado en todas sus dimensiones, pero este concepto no pareciera estar en el menú populista de los distintos personajes que se postulan a presidente de este diezmado terruño al que todavía llamamos Argentina.

El dilema que hoy enfrenta la Argentina y que se traduce en un castigo permanente a sus bonos es cómo articular una estrategia creíble que pueda divorciarse de un populismo tan naturalizado en el imaginario argentino que forma parte del escenario base de todo político que se postule a elecciones independientemente del bando al que diga pertenecer. El próximo presidente no tendrá "expectativas a favor", el mundo ya no nos concederá el privilegio de la esperanza y bien merecido lo tenemos.

Tags relacionados

Noticias del día

Comentarios

¿Querés dejar tu opinión? Registrate para comentar este artículo.
  • APP

    Arturo Petringa Petringa

    31/10/22

    creo que toda la sarasa de la nota apunta a convecerte de ir a los rotos tecnologicos. porque no nos preguntamos como llegamos a esto y vamos ttras los resonsables para aplicarles el peso de la ley (cierto que la ley esta en manos de los mismos crapulas que nos llevaron a esta situacion.

    0
    0
    Responder
  • RN

    Raul Nieto

    31/10/22

    Que buena descripción de nosotros como sociedad y la consecuencia directa la clase gobernante que promete el flan que se reclama y que no requiere esfuerzo solo hay que crecer pero lo real es que sin esfuerzo no creceremos Espero que muchos lean y se miren

    0
    0
    Responder