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Llega a un pico la suba de tasas de interés, pero los efectos están por venir

La Fed dispondría el último hike de 75 puntos, para luego subir más lentamente, camino a una tasa de 4,5% en 2023. Pero en la economía real habrá que esperar hasta un año para sentir los efectos. En la Argentina, el BCRA decidió no subirla a más de 75%.

La Fed subiría otros 75 puntos básicos la tasa de interés en un nuevo esfuerzo para frenar la inflación en los Estados Unidos. El mes pasado, alcanzó a 8,2% anual y la Fed subió la tasa 75 puntos hasta un rango de entre 3% y el 3,25%, el nivel más alto en los últimos 14 años.

De confirmarse ese paso, podría ser el pico en materia de agresividad de la Fed, aunque no la última suba de tasas. Los analistas prevén que llegará a 4,5% a principios de 2023. Las subidas siguientes, hasta enero, serían menores a la de hoy. El mercado cree que el banco central norteamericano levantará luego el pie del acelerador hawkish.

Pero también dan cuenta de que, en realidad, los efectos monetarios todavía no llegaron a la economía real norteamericana. La única incógnita es la profundidad de la recesión por venir.

Ciclos

Los estudiosos de los ciclos recesivos en los EE.UU. aseguran que los remedios monetarios tienen un rezago en sus efectos de 9 y 12 meses hasta que llegan a la economía real. Quedan por verse así los efectos en el desempleo y la actividad.

En América latina, tal vez por el maleficio de la tradición y cultura inflacionaria, el proceso de suba de tasas de interés adquirió otra fisonomía. Los bancos centrales, con diferentes ritmos y circunstancias, concluyeron antes el proceso de endurecimiento monetario.

Brasil fue el pionero y hoy los índices de inflación están cerca de cero. Ya el mes pasado se mantuvo sin mover la tasa. El BCRA fue el más conservador, debido a la oposición de gran parte del Gobierno a encarecer el costo del dinero durante largos meses.

La inflación en niveles de 100% es testimonio de ello. Sin embargo, por el momento se ha abandonado la decisión se subirla arriba de 75%, la cual anualizada supera por décimas a la inflación proyectada.

La dureza del mundo monetario no proyecta buenas noticias para 2023 en el mundo. Sin considerar los aspectos locales de la Argentina, el parate recesivo de los EE.UU. y de Europa afectarán los intercambios comerciales.

En América latina, tal vez por el maleficio de la tradición y cultura inflacionaria, el proceso de suba de tasas de interés adquirió otra fisonomía. Los bancos centrales, con diferentes ritmos y circunstancias, concluyeron antes el proceso de endurecimiento monetario.

Los precios de los commodities tendrán alta volatilidad dependiendo tanto de dificultades para la oferta como para la demanda global. La guerra seguirá siendo un obstáculo. El precio de la energía podría condenarnos otro año a una sangría de divisas. No habrá compensación por el lado del campo si persiste la sequía.

Y, en términos monetarios locales, todavía quedan para ver los efectos de las tasas de interés sobre la economía real. Nuestra única salvación frente al nivel de tasas sería la debilidad de la falta de crédito al sector privado, que impide que por ese lado se esterilice la emisión inflacionaria.

Un futuro con riesgos que por ahora se siguen soslayando en el debate económico. 

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