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La oposición en la era de Javier Milei

La sociedad argentina se encuentra dividida, agrietada y polarizada, como en las mejores épocas del kirchnerismo. La diferencia es que la centralidad hoy no pasa por el peronismo, sino por la figura de Javier Milei. El centro de gravedad del sistema político argentino es el presidente libertario, y las preferencias y apoyos de los ciudadanos es esperable que se ordenen de manera binaria: a su favor o en su contra.

La duración e intensidad que tendrá este nuevo escenario es una incógnita. Un informe presentado por el observatorio PULSAR de la Universidad de Buenos Aires muestra que, de los presidentes outsiders de la región, Milei es quien mejor ha conservado los niveles de popularidad desde su llegada al poder y en sus primeros, casi, cinco meses. Con poco más (o poco menos) de 50% de imagen positiva, Milei continúa de luna de miel con la opinión pública en medio de un proceso de ajuste que ya se siente en la economía real, y que muestra caídas en la producción, el empleo y el consumo. Con agendas de gobierno más modestas, Gabriel Boric en Chile y Pedro Castillo en Perú, dos mandatarios que accedieron al poder sin el respaldo de estructuras partidarias establecidas, experimentaron caídas en su popularidad al poco tiempo de haber asumido.

¿En qué factores se sostienen estos apoyos de la sociedad a Milei, que lo vuelven un caso especial en la región? Identificamos dos. En primer lugar, el Presidente sigue siendo visualizado como un ciudadano más, que llegó al poder y debe enfrentar a una dirigencia política que es señalada, aún por los detractores del Gobierno, como responsable del momento por el que atraviesa la Argentina. Y es el mismo Milei quien se encarga todos los días de reafirmar ese relato en cada una de sus intervenciones públicas. El líder libertario ha sabido expresar el profundo sentimiento anti-establishment -resumido en el concepto de "casta"- que predomina en la sociedad. Su gran desafío es seguir siendo percibido como un ‘Presidente ciudadano', despojado de los atributos y la lógica del poder tradicional.

En segundo lugar, entre quienes lo apoyan existe la expectativa de que, más allá de este presente sombrío, luego del ajuste vendría una caída de la inflación y una posterior recuperación económica. Los sondeos de opinión revelan que aunque la mayoría califica negativamente su presente económico, hay bastante optimismo respecto a los próximos meses. En este marco, Milei constituye todavía una esperanza en una parte significativa de la sociedad.

La otra mitad de la sociedad (o poco menos de la mitad) muestra altos niveles de rechazo al Gobierno pero carece de expectativas a futuro. No tiene plan alternativo, no tiene coalición opositora, no tiene liderazgos que la representen. No existe aún ningún factor que la aglutine, o en términos de Ernesto Laclau, un significante vacío que permita articular sus diferentes demandas e intereses, y construir al menos una efímera identidad política.

La marcha universitaria constituye un llamado de atención para la coalición gobernante. Es difícil eximir al Gobierno de la responsabilidad en tamaña movilización. Al fin y al cabo, la técnica utilizada fue la misma que en otro tipo de confrontaciones. Primero la pelea por los recursos, luego el ataque frontal que cae directamente en la voz presidencial.

La variedad de sectores sociales y la distribución geográfica de las protestas en todo el país indican que, 1) el valor de la educación pública universitaria trasciende fronteras sociales, geográficas e ideológicas; 2) que puede eventualmente ser una amalgama para una futura coalición opositora. Pero para que ello ocurra todavía falta que corra mucha agua bajo el puente.

Sin embargo, vemos que la política funciona como un sistema y es imposible especular qué puede suceder con el mundo opositor sin hacerlo al mismo tiempo con el oficialismo. En este sentido, la performance del Gobierno será clave. No fue lo mismo ser opositor a Raúl Alfonsín en 1985 o a Carlos Menem en 1991 que a Fernando de la Rúa en el 2001.

A cada proceso de gobierno siempre, en un sistema democrático, en algún momento se le conforma una coalición opositora exitosa. La velocidad depende de la demanda ciudadana en relación a su tolerancia con quienes están gobernando. Al radicalismo del regreso a la democracia, la alternativa política se le constituyó a los cuatro años, mientras que, al menemismo, la Alianza UCR-Frepaso nació tras ocho años de gobierno. Recién en 2013, 10 años después de la llegada al poder del kirchnerismo, comenzó a tomar forma lo que luego sería Cambiemos.

Si bien la performance del oficialismo, sobre todo en el aspecto económico, será clave; en política, como en el ajedrez, las negras también juegan. ¿Qué ocurre en el universo opositor? Vimos en la semana que pasó el primer atisbo de manifestación contraria al Gobierno, aunque más no fuera por un tema. Rápidamente fue seguida por la primera aparición pública de la principal referente del mundo opositor, Cristina Fernández de Kirchner. Cualquier encuesta muestra que la expresidenta, junto al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezan el lote popularidad de líderes opositores.

Sería lógico esperar tres tipos de vertientes de referentes que se opongan al gobierno de Milei. Unos, ya los mencionamos en el párrafo anterior, inscriptos en la tradición del kirchnerismo que dominó la escena pública durante las dos últimas décadas.

Javier Milei

Una segunda, compuesta por referentes asociados a la defensa de valores republicanos e incluso en algunos casos, progresistas. Allí podemos inscribir a un sector del radicalismo, cuyo protagonista central es Martin Lousteau, además elegido por el Presidente como uno de sus rivales personales. En esa misma línea podríamos agregar al gobernador Maximiliano Pullaro. Y también se encuentran Elisa Carrió, Margarita Stolbizer o el Partido Socialista.

Finalmente, una vertiente que podría estar asociada al peronismo pero desde una mirada crítica a la experiencia kirchnerista, en la que sin dudas el gobernador cordobés Martín Llaryora sería un exponente. El PRO parece haber quedado en un lugar incómodo. A pesar de que Mauricio Macri auspició el ascenso de Milei, sobre todo en el ballotage, la suerte del partido que fundó quedó inexorablemente atada a la experiencia libertaria y hoy tiene muy poco margen para jugar por afuera del esquema oficialista.

Si uno observa la experiencia de emergencia de liderazgos disruptivos, al estilo de Milei, suelen tener un impacto muy alto sobre la reconfiguración del sistema político. Basta con acercarnos a nuestro socio estratégico y ver el efecto que ha tenido la presidencia de Jair Bolsonaro en Brasil, que ha derivado en una alianza entre los antes enemigos, Fernando Henrique Cardoso y el actual presidente Lula da Silva. ¿Cristina y Macri juntos enfrentándose a Milei? O en una versión argentina, ¿El peronismo, el radicalismo y otras fuerzas en una coalición para enfrentar a Milei? ¿Dejaremos atrás la antinomia peronismo-antiperonismo? No seria tan osado. Un perro blanco con una mancha negra todavía no es un dálmata.

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