OPINIÓN

Hablar en público: saquemos a la política del clóset

Necesitamos políticos que sepan comunicar y comunicarse. Que puedan representarnos bien en el exterior y sobre todo hablarnos bien a los argentinos.

Cuando un empresario se entrena para hablar en público, lo pone en su CV. Cuando un político se entrena para hablar en publico, lo hace de incógnito

Pero, ¿por qué a los políticos les incomoda tanto que se sepa que se preparan para hablar en público?

Es fácil, cuando un político se 'coachea' se convierte rápidamente en un recuadro colorido de algún portal, adobado con los mismos condimentos que cuando un personaje mediático es fotografiado in fraganti con su amante. No pareciera ser muy alentador. En nuestro país sigue siendo criticable que las personas que ocupan un cargo público se preparen para ello.

Comunicar bien no es marketing.

Hay un prejuicio de que cuando una persona se entrena para hablar en público está contratando a un grupo de asesores que le deslizan al oído qué es lo que tiene que decir y sobre todo lo aleccionan en cómo mentir bien. El homo sapiens tiene unos 300.000 años de existencia y todavía no necesitó a nadie para que lo ayude a mentir

Cuando alguien se prepara para hablar en público simplemente está aprendiendo una técnica que lo ayuda a comunicarse de la mejor manera posible. En el caso de la política, no se la está vaciando de contenido sino todo lo contrario. Y no es una novedad. En el siglo V a.c., en algún rincón del Ágora, Pericles afirmó: "El que sabe pensar, pero no sabe expresar lo que piensa, está en el mismo nivel que el que no sabe pensar". Grandes ideas pueden perderse en el camino sólo por estar mal comunicadas.

No es mucho. No es demasiado. Es malo.

Como en tantos aspectos de la vida, no todo es lo mismo. 

En este año electoral hemos visto muchos debates. Es una práctica relativamente nueva en nuestro país, que expone duramente a los políticos de cara a la sociedad. Se habló mucho sobre el 'coacheo' de los candidatos. Que si uno estaba muy coacheado o que si aquella estaba demasiado coacheada. No existe tal cosa como muy o demasiado, sino mal coacheado. Cuando se intenta cambiar a la persona para que se ajuste a la idea de un asesor, no funciona. Y ¿por qué no funciona?

El ser humano es el único animal que se sonroja

Aprender a hablar en público es otra cosa. Es una práctica que tiene mas de 2500 años de antigüedad. Se trata de aprender y aprehender elementos que faciliten el desenvolvimiento en un escenario, claridad conceptual, a mejorar la conexión con la audiencia, a interesar al público y a manejar el pánico escénico. Justamente para que el orador pueda ser él mismo y no fingir ser otro.

El pánico escénico nos visita a todos y a todas. Es como un envoltorio que nos mantiene escondidos. Si no somos psicópatas, exponernos nos genera algún tipo de síntoma. Desde la psicología a la sociología y hasta las ciencias naturales hablan de este fenómeno con distintas palabras. Darwin, por ejemplo, identifica la turbación en los seres humanos y sus síntomas: sonrojarse, palidecer, sudar, tartamudear, gestos nerviosos, manos temblorosas, voz débil, cascada o anormalmente aguda o grave, sonrisas forzadas o apartar la mirada. La mayoría de las personas que hablan en público sintieron alguno de estos síntomas. Y es normal. Es un resultado natural ante lo que los demás puedan pensar de nosotros.  

Un político con buena oratoria puede ser un estadista o no, eso no va a depender solo del entrenamiento sino también de sus propias cualidades. Pero un buen discurso inspira, estimula y orienta a una sociedad. Winston Churchill no ganó la guerra por su oratoria, pero el tiempo que le dedicaba a sus discursos mantuvieron alta la moral del pueblo británico durante sus momentos más oscuros. En este momento de la historia, necesitamos y merecemos políticos bien entrenados

Tags relacionados

Compartí tus comentarios