ANÁLISIS

¡Extra, extra! Hay buenas y hay malas noticias

En el Reino Unido hay un periódico que sólo trae buenas noticias, Feel Good News. Es un nicho poco explotado y espero que sea un buen negocio, ya que tiene poca competencia: las malas noticias se pueden leer en todos lados. Si alguien quisiera hacer lo mismo en Argentina tendría que obviar la sección económica.

No lo digo yo, lo dijeron en 1981 los economistas Sargent y Wallace que escribieron un artículo muy conocido llamado "desagradable aritmética monetarista". No se referían a la Argentina, sino que sus lecciones se aplican a un caso mucho más simple. Y aun así, los resultados no eran buenos. Explicaron que en un régimen caracterizado por la dominancia fiscal o gasto público exacerbado, una política monetaria dura para bajar la inflación solo lo lograría a costa de mayor inflación en el futuro.

En un sistema donde el Banco Central temiera a la emisión descontrolada e intentara manejar una razonable tasa de expansión monetaria, el déficit del gobierno solo podría ser financiado parcialmente con los pesos recién emitidos, y el resto en el mercado de bonos.

Aquí viene lo interesante, que repito, no se escribió pensando en Argentina: llegado el punto en que el mercado de bonos se saturase -o peor- se defaulteara y reestructurara la deuda en bonos como ya ocurrió en Argentina, entonces el Banco Central deberá financiar ese déficit con "señoreaje, requiriendo la creación de dinero adicional. Más tarde o más temprano, en una economía monetaria, el resultado es inflación adicional". O sea, la maquinita de imprimir billete genera inflación futura.

Además recordemos que el BCRA trata de reabsorber la emisión que hizo para financiar el déficit con el endeudamiento de las Leliq y pases con una tasa promedio de 36%. Otra forma de decirlo es que ya sabemos que el BCRA habrá de emitir aún más para pagar los intereses de su propia deuda, haya o no déficit.

Otro elemento adicional también enfatizado por Sargent en base a "expectativas racionales" es que si la demanda de dinero depende de la tasa esperada de inflación, más difícil será contener la inflación. Como ya sabemos que habrá emisión para pagar las Leliq, entonces menos pesos demandamos, por lo que aún cuando mágicamente desapareciera el déficit fiscal, lo mismo habría emisión e inflación.

Agreguemos que se intenta mantener a raya el precio del dólar para lo cual se venden reservas, y tenemos entonces un activo que cae (hay menos reservas a precio constante) con un pasivo que crece al 36%. Si no hay devaluación, es como decir que la tasa que se paga es ... 36% en dólares.

Sin embargo, el Gobierno enfoca sus cañones en el FMI y pide reducción de tasas. Cuando no hay fondos para todo, una mínima buena administración requiere pagar primero la tasa más cara, y recién luego la más barata.

Queda claro que pagar 36% en pesos es más caro que aproximadamente 4% en dólares, a menos que haya una gran devaluación. La sostenibilidad de la deuda (de familias, empresas o países) está dada por pagar una tasa que no sea superior al crecimiento o rentabilidad. No es nuestro caso.

El Gobierno puede evitar una devaluación reduciendo las retenciones. ¡Sí, ya sé que esa sería una buena noticia! El efecto es muy distinto a una devaluación que afecta a toda la economía. El punto entonces es analizar la factibilidad de esa medida, dado el déficit fiscal. Lo lógico sería ver en qué y cuán rápido se pueden reducir los gastos. El origen del problema es el déficit, y de una buena vez hay que establecer prioridades.

El cúmulo de estas "malas noticias" monetarias en cuanto a monto, tasa, velocidad, caída de demanda y devaluación esperada sólo pueden ser compensadas con buenas noticias, y congelar precios y controlar supermercados ciertamente no lo son. Tampoco se puede ir solucionando temas individualmente, porque eso sería lo que otro gran economista, Guillermo Calvo, ha comentado como "intentar cortar la cabeza de la Hydra con un cortaplumas". Ya se intentó, más de una vez. No funcionó ninguna vez.

La única solución razonable, evitando un costo social fenomenal, es una reducción del gasto en temas no prioritarios y ordenar las deudas pagando primero lo más caro. Eso sería lo racional. ¡Eso sí que sería una buena noticia!

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