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El fuego cruzado de la crisis global y la política local impacta en las reservas

Más allá de las medidas de política económica interna, el contexto global es adverso y de una gran fragilidad ante el cual no conviene exacerbar ningún elemento que reduzca más el flujo de divisas.

En los últimos meses, el principal debate económico global es acerca de la profundidad de la recesión que se avecina en los EE.UU. La Fed viene batallando contra una inflación que en el último año ya trepa a 8,2%. Tratan de frenar a la economía para sacarle aire a la inflación.

El Gobierno le pidió a los bancos que pongan dólares propios para financiar importaciones

Los analistas pronostican que la tasa de interés será aumentada a 4,5% para fines de año. Los bancos de inversión ven que el escenario financiero global actual es peor que el de 2008, cuando estallaron las hipotecas subprime.

Los emergentes sufren salida de capitales, el retraimiento de inversiones. A falta de inconsistencias macroeconómicas, la incertidumbre global le pega más que lo esperado a nuestro país.

  Cada punto que crece la tasa de riesgo país por una declaración política destemplada aleja más el acceso a las divisas para financiar la actividad productiva.  

Agobiados por la fatiga de la administración de las reservas y pendientes de la inflación con eterno rostro argentinos, tardíamente reparamos en que los motores externos que podrían ayudarnos a navegar la crisis se han apagado.

Teníamos mercados cerrados por la desconfianza al control de capitales y las idas y venidas de los discursos políticos con juegos retóricos sobre los compromisos financieros del país terminan de alejar a inversores y financistas que prefieren ni asomarse a las oportunidades que brindan precios de liquidación de bonos y acciones ante el temor a ser reperfilados o quedar atrapados en un cepo eterno.

En el último año, las únicas colocaciones de deuda privada -que, dicho sea de paso, rinden menos que los bonos soberanos o lo que es lo mismo, tienen menos riesgo de impago-, sólo fueron para reprogramar vencimientos acorde lo impuso el Banco Central para aliviar la demanda de divisas.

Ambos contextos, el global y el local, frenan otra política del Gobierno para cuidar las reservas. Aunque las empresas deben financiar a 180 días sus importaciones (60 días ahora en el caso de las pymes), losd bancos no logran líneas de crédito de sus corresponsales.

Al endurecimiento financiero global se le suma la aversión al riesgo con países emergentes en general y la Argentina en particular. El indicador de riesgo país marca la diferencia.

Definiciones como que el acuerdo con el FMI está caído de boca del diputado camporista Andrés "Cuervo" Larroque tienen resonancias y efectos más allá de la legítima contrariedad política con el ajuste del actual programa económico oficial. 

Pero cada punto de riesgo país alentado por nuevas incertidumbres provenientes del, quiéralo o no, oficialismo son dólares que se alejan los créditos para las pymes, para la producción.

Erosionan reservas y, en definitiva, la potencia política del Gobierno para navegar en aguas turbulentas locales e internacionales.

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