Opinión

Historias mínimas, a la caza del voto por empatía

A lo largo de su discurso ante la Asamblea Legislativa, el Presidente Alberto Fernández identificó a diez personas a quienes sus políticas de gobierno le cambiaron la vida. El recurso del storytelling y su uso en todo el mundo

Alberto Fernández identificó en varias oportunidades durante las dos horas que duró su discurso a personas beneficiadas con las políticas de su Gobierno. Intentó innovar en la apertura de sesiones ordinarias, frente a una Asamblea Legislativa acostumbrada a escuchar solemnes lineamientos de la política llevada adelante por los gobiernos de turno. Con evidente participación de un coach (entrenador), el Gobierno invitó a presenciar el evento a quienes después el Presidente se iba a encargar de destacar por haber sorteado dificultades gracias a su gestión.

Tal cual el nombre de la película argentina del año 2002, dirigida por Carlos Sorín y filmada casualmente en Santa Cruz, que cuenta pequeñas historias, Alberto Fernández utilizó este recurso intentando generar empatía.

Por fuera de lo durísimas de sus críticas a la Justicia, a los medios, y a la oposición, objetivos a los que apunta generalmente el kirchnerismo, esta vez, y en medio del año electoral, el Presidente hizo públicas las historias de quienes estaban ubicados estratégicamente en los balcones del recinto legislativo.

Scioli, el 'Alberto' posible

Juicio a Cristina Kirchner: un fallo que no tendrá impacto electoral

Hace más de una década el storytelling es utilizado por voceros de compañías internacionales para generar empatía con la gente. Es un recurso que acerca, siempre y cuando no sea utilizado en exceso.

Es la posibilidad de contar historias en un proceso narrativo para conectar emocionalmente con la audiencia y generar una identificación con el público y busca una determinada conexión emocional. En marketing intenta mostrar cómo se le puede cambiar la vida a alguien con determinado producto. En el caso de hoy, el producto viene a ser las políticas públicas llevadas adelante por el Gobierno. Se intenta generar empatía con la audiencia y confianza. Si se abusa, genera el efecto contrario.

Hoy la clase política argentina, visiblemente entrenada, intenta acercar el voto utilizando cuanto elemento tenga a mano. Y hoy no solo lo hizo el Presidente, sino también el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodriguez Larreta. La diferencia entre ambos fue que Alberto Fernández no solo los nombró, sino que los invitó al Congreso para que dieran fe con su presencia de que en su relato no había cuento. Como si eso alcanzara.

Diez historias en total. En su mayoría, las protagonistas fueron mujeres. Desde la señora que había sido estafada por un desarrollista inmobiliario y ahora tiene una casa en Parque Patricios a la que accedió por uno de los programas del Gobierno, pasando por otra que vivía en Merlo y ahora trabaja en Puerto Madero, en donde "se ganó el respeto de sus compañeros", aclaró Fernández. Todas visiblemente emocionadas agradecían y aplaudían al Presidente.

Desde la Rosada se pidió a cada una de las carteras que acercaran una política en la que hayan trabajado y a alguna persona que se hubiera sido beneficiado. La intención fue mostrar historias con nombre y apellido para describir cuestiones referentes a empleo, acceso a la vivienda, política exterior (con los excombatientes de Malvinas), inclusión de trabajadores de la economía popular al sector formal del trabajo e impulso a la Ciencia.

Las historias de Juan José que se pudo jubilar, la de Guillermo que elabora drogas para curar enfermedades poco frecuentes gracias a la combinación entre el trabajo público y privado, la de María Daniela, quien ahora tiene casa propia, o la madre soltera Gisela, o Silvina que dirige la Colonia Montes de Oca, tuvieron lugar en el medio de un discurso combativo contra la oposición y la justicia.

También, las de Alicia y Antonia, rectoras de las Universidades de Misiones y de la Patagonia. Y la de Belén, víctima de violencia de género, que ahora trabaja gracias a una cooperativa que se creó bajo un programa del Ministerio de Desarrollo Social, financiado por ley de Aporte Solidario y Extraordinario que tanta polémica generó.

La tendencia en política a utilizar el storytelling, según el consultor en comunicación Alejandro Sangenis, se da en varios países y busca asociar el relato de los logros obtenidos por la gestión a esas personas. Es decir, hay un win-win, gana aquel que logra ser visible porque siente que nunca lo fue, y el político se adueña de ese logro y lo exhibe en la alegría del vulnerable. Hoy se utiliza también en las redes sociales, tanto como en el marketing político.

De todos modos, ya la Iglesia lo usaba en sus homilías con las metáforas religiosas, tanto como los filósofos griegos. Los autoritarios lo usan, como lo hacía el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, y hoy lo hace su sucesor Nicolás Maduro. En estos casos manejan la comunicación blanqueando su autoritarismo a través de personas cercanas.

En la política argentina nunca quedó tan expuesto como hoy la utilización de este recurso. Intentó ser novedoso, llevando a los dueños de las historias al lugar donde se relataban los hechos.

En la búsqueda de votos todo vale y, si quien escucha conecta y se emociona, mucho mejor. En el mundo del relato, o es cuento o es dato.

Temas relacionados
Más noticias de Alberto Fernández
Noticias de tu interés

Compartí tus comentarios

¿Querés dejar tu opinión? Registrate para comentar este artículo.