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Desafío para Manzur: lograr que la gestión sume en lugar de restar

El Gobierno argentino decidió empezar a mover las fichas del tablero internacional. La semana pasada apuró un entendimiento con Brasil para reducir el arancel externo del Mercosur, y ayer anunció de improviso el viaje del jefe de Gabinete, Juan Manzur, a Estados Unidos. Su objetivo es hilvanar gestiones que redunden en algún tipo de contacto entre Alberto Fernández y Joe Biden, y de paso reforzar la presencia de Martín Guzmán en Washington para la negociación con el FMI.

Sin duda se trata de señales positivas. Pero su impacto se vuelve relativo ante los idas y vueltas que la política local le imprime al rumbo económico. Después de dos años de parálisis regional, solo interrumpidas por los cruces verbales de Alberto Fernández con sus pares de Brasil y Uruguay, el flamante canciller Santiago Cafiero recibió luz verde para abrir un canal de negociación diferente con los socios del Mercosur. En su visita a Brasilia, aceptó avanzar con una reducción de 10% del arancel externo común, una postura que nunca había sido habilitada en los diálogos que le había tocado conducir a su antecesor, Felipe Solá.

La rebaja es un gesto favorable para el sector empresario, porque traduce una vocación (moderada, por cierto) favorable al abaratamiento de bienes que necesita la economía argentina para crecer. El arancel promedio del bloque es 13%, alto aún contra el 5,2% promedio que tiene el resto del mundo.

Pero hay un factor político detrás de ese paso, y es la intención de contener las gestiones de Uruguay, a favor de negociar un acuerdo de libre comercio con China. A la Argentina le interesa mantener una relación estratégica con el gigante asiático, pero se opone a que Beijing logre una ventana que habilite la entrada de importaciones baratas a los países del bloque.

Así como el proteccionismo sigue siendo el rasgo dominante en la política comercial, algo similar pasa en materia agropecuaria. Después de prometer a la cadena agroindustrial la reapertura de los envíos de cortes vacunos a China (el cepo fue capitalizado exitosamente por los productores uruguayos, dicho sea de paso), ahora abrirán una nueva instancia de control sobre las exportaciones de maíz. Otra vez arena y cal para el campo.

La piedra que sigue apretando el zapato oficial es la inflación. Agricultura había advertido un crecimiento inusual en el registro de ventas del cereal al exterior, y ante el temor de que eso signifique menos disponibilidad y más precio, recurrió una vez más a la intervención como mecanismo de protección.

Si Manzur quiere que su viaje tenga efecto sobre las expectativas de los inversores sobre el futuro de la Argentina, debería respaldar la adopción de un equilibrio fiscal que favorezca algún tipo de acuerdo con el FMI. Eso lograría que su gestión sea una inversión, en lugar de una línea más en el gasto.

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