Opinión

Biden, Yellen, el FMI y la "mundialización" de más impuestos a las corporaciones

La pandemia persiste aun cuando en EEUU, el más afectado en contagios y muertes, está vacunando a toda su población y el FMI escribe que junto con China son los motores de la economía mundial en 2021.

Más allá del rebote económico, confirmado por la actualización del FMI sobre las perspectivas de crecimiento de la economía en torno al 6%, el horizonte es a futuro de desaceleración, con una previsión del 4,4% para el año siguiente.

Es más, para las economías más desarrolladas, el pronóstico es del 5,1% para el 2021 y del 3,6% para el 2022. Una perspectiva de desaceleración que expresa la continuidad de problemas de fondo en la economía mundial.

Por su parte, la Reserva Federal de Estados Unidos prevé un crecimiento para el 2021 de 6.5%, pero una ralentización para el 2022 del 3.3% y más aún en el 2023, con un pronóstico del 2.2%. Son datos que confirman las tendencias globales, máxime si se trata de la potencia hegemónica y uno de los motores globales del crecimiento según el FMI.

La emergencia continúa

Queda claro que no hay garantía de superación de la emergencia sanitaria, aun con vacunas, más allá del debate sobre efectividades y las discusiones sobre las patentes, su propiedad y formas de circulación para la generalización de su utilización.

En ese contexto es que el FMI, sin abandonar sus ortodoxas recetas de ajuste estructural, recomienda sostener el gasto fiscal, importante en el 2020, para atender la emergencia derivada del Covid-19, y Yanet Yellen, secretaria del Tesoro de EEUU, revierte la baja de imposiciones a las corporaciones estadounidenses realizada en la Gestión Trump.

Si Trump redujo la tasa de imposición corporativa del 35% al 21%, la actual gestión Biden pretende llevarla al 28%, y además, sugiere mundializar la iniciativa.

Dice Yellen:

"Se trata de garantizar que los gobiernos tengan sistemas fiscales estables que generen ingresos suficientes para invertir en bienes públicos esenciales y responder a las crisis, y que todos los ciudadanos compartan de manera justa la carga de financiar al gobierno".

El tema es que EE.UU, se propone una inversión en infraestructura superior a los 2 billones de dólares para sostener la reactivación de la economía, para lo que se requiere incrementar la imposición sobre los sectores con capacidad de ganancia pese a la crisis y para evitar que estas empresas migren de EE.UU. hacia otros territorios el mensaje pretende mundializarse, tal como señala la Secretaria del Tesoro:

"Estamos trabajando con las naciones del G20 para acordar una tasa impositiva corporativa mínima global que pueda detener la carrera hacia el fondo".

Resulta interesante destacar el debate de fondo en materia de política económica y la necesidad de la intervención estatal.

El gigantesco paquete estadounidense genera debate entre republicanos y demócratas, e incluso en la academia y el periodismo, por eso interesa destacar el esfuerzo del Nobel de economía 2008, Paul Krugman, que en su columna del New York Times sostiene la ampliación de la categoría "infraestructura" como algo mucho más allá de "puentes y caminos".

Se trata, en definitiva, al igual que la gestión Biden-Yellen, apuntar a apoyar monetariamente todo lo que sea necesario para el repunte económico a los efectos de no cometer los errores del 2008, que restringió el salvataje solo al gran capital concentrado y en general asociado al mundo de las finanzas.

Hoy, la preocupación es por sostener el complejo entramado productivo que involucra a pequeñas empresas y a millones de personas afectadas por la emergencia.

La situación es grave con nuevas oleadas de contagios, que ya superan los 132,5 millones y los fallecimientos por más de 2,8 millones de personas. La región latinoamericana y caribeña sigue entre las más golpeadas, con menores expectativas de crecimiento según la actualización del FMI, prevista en 4,6% para el 2021 y 3,1% para el 2022.

Por eso, en la emergencia habrá que pensar el rumbo de política económica en el mundo y especialmente en la región y en Argentina.

El debate tributario en la Argentina

En la Argentina se habla de una reforma tributaria, especialmente en Ganancias, para reinstalar el 35% de imposición a las mayores ganancias, en un arco de tasas entre 25% y 35% según el volumen del excedente generado por las empresas, de interés luego de la adecuación del mínimo no imponible para la cuarta categoría.

Acompañar la iniciativa estadounidense puede favorecer la recaudación tributaria, más cuando no está previsto en el presupuesto 2021 ninguna partida de gasto Covid, importante en la ejecución del gasto durante el 2020.

Si se pretende sostener un déficit fiscal del 4,5% del PIB, resulta imprescindible ampliar las fuentes genuinas de financiamiento.

Habrá que ver la receptividad de la propuesta estadounidense en el G20 y en los organismos internacionales, pero igual, los países podrán avanzar en ese sentido. Sería deseable.

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