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Alberto también le hace caso a las cartas que vienen de Washington

Desde que aceptó ser candidato presidencial en 2019, Alberto Fernández tenía en claro cómo era la ecuación que tenía que resolver para enfrentar a Mauricio Macri: sin Cristina Kirchner no era posible ganar, pero solo con ella tampoco podía garantizar el triunfo. El revés electoral de las PASO lo dejó de manifiesto una vez más. En la explosiva carta que publicó para justificar el ajuste en la gestión que le había transmitido dos días antes, su compañera de fórmula remarcó que habían perdido 440.000 votos en comparación con los que había conseguido ella cuando fue electa senadora. Por eso el Presidente trató de que el jaque que le puso la Vicepresidenta terminara en tablas. El objetivo ahora es llegar a noviembre. Con el resultado en la mano, la siguiente misión será reconstruir un esquema de gobernabilidad hasta 2023.

Los candidatos del Frente de Todos ya no se pueden cambiar. El malhumor de la sociedad por la pandemia tampoco. La indignación por el Olivosgate y el disgusto que arrastran incluso los más jóvenes por el cierre de las escuelas y universidades y la falta de mejores oportunidades para desarrollarse, seguirán siendo la base de una elección complicada para el oficialismo. Lo único que tienen que conseguir en los dos meses que quedan es que la diferencia de votos no aumente.

Para eso Fernández apelará a un menú que ya tenía en carpeta. El refuerzo de la AUH, los créditos subsidiados a monotributistas, la suba del mínimo no imponible de Ganancias, eran parte de un plan que iba a ser puesto en marcha en el segundo tramo de la campaña. No hay muchas más sorpresas para poner sobre la mesa, porque hay una realidad que sigue condicionando la capacidad de reacción del Ejecutivo: el límite de financiamiento que tiene el Tesoro para incrementar el gasto.

Es cierto que muchas partidas exhiben caídas cuando son comparadas con un año de excepcionalidad como el 2020, en el que el Estado estiró su asistencia todo lo que pudo y llevó el déficit a un 6,5% del PBI, gracias a las transferencias que hizo el BCRA. Pero en un país con inflación de 50% anual, repetir ese esquema solo hubiera potenciado los riesgos de tener aumentos de precios más altos. Por eso el "relanzamiento" del Gobierno no viene acompañado de un sesgo igual de expansionista. Los $ 422.000 millones que recibirá el Tesoro por los DEG, irán al Central para bajar el descubierto de Hacienda. Y para pagar al FMI, emitirá más deuda: una letra a 10 años por u$s 4334 millones.

El pedido de contener la emisión está en otras cartas, las que vienen de Washington. Y Alberto sabe que tiene que respetar esa ecuación para llegar hasta el 2023. Mal que le pese a Cristina, hoy sin el FMI no alcanza. La cuenta de Guzmán con el Central quedará en 0. La clave ahora será el tamaño de los próximos cheques.

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