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Los fondos que vuelven a la Argentina apuestan a que no se repita el pasado

La Argentina no tiene una receta económica que se haya demostrado exitosa en el tiempo. Muchos programas tuvieron un arranque positivo, pero se consumieron por la tozudez de gobernantes y funcionarios que se resistieron a adaptarse a nuevas circunstancias internas y externas.


Tanto el plan Austral como la Convertibilidad lograron abatir la inercia inflacionaria, pero fracasaron cuando los gobiernos encontraron la forma de violar la regla fiscal. La razón que lo justificaba siempre era considerada válida: para Raúl Alfonsín fue la necesidad de darle un aumento salarial a los militares en 1986, tras las presiones que desató el juicio a las Juntas.

El 1 a 1 no resistió los shocks externos ni el tsunami de deuda que disparó la re-reelección de Carlos Menem. La salida del default que lideró Roberto Lavagna funcionó mientras el viento de cola de los commodities y el tipo de cambio alto financiaron los primeros años del kirchnerismo. La falta de incentivos para invertir, la intervención del Banco Central y la fuga de capitales derivaron en un estancamiento que no puso ser superado con los estímulos al consumo financiados con emisión monetaria y su secuela de impuesto inflacionario.

El Gobierno sostiene que no pretende repetir nada de lo hecho en el pasado, apoyado en un respaldo electoral que se manifestó a favor de un cambio. Está a punto de cosechar un aval inédito a través del blanqueo de capitales que terminará el 31 de marzo.

Los u$s 100.000 millones que ya tiene asegurados, responden a una coyuntura financiera determinada pero también a la sensación de que la Argentina puede ofrecer una oportunidad distinta. Cada vez que surgen argumentos a favor de flexibilizar el rumbo, en el sector privado se recrea una dosis visible de incertidumbre. La inversión que todavía no se ve requiere cambios estructurales que están en marcha. Está claro que lo más difícil para Macri en esta hora es seguir nadando hasta la otra orilla sin pensar en la correntada que sacude a su gobierno.