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Sábado 22.11.2014 | 13:21
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Columnistas
JULIÁN GUARINO Subeditor de Finanzas jguarino@cronista.com
JULIÁN GUARINO Subeditor de Finanzas jguarino@cronista.com
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La imagen que se tiene generalmente del mercado argentino es la de una postal pobre, de baja intensidad y recortado alcance, donde unos pocos inversores se atreven a depositar y comprometer sus ahorros. En esto, las instituciones del mercado han dado batalla creando nuevos instrumentos como los fideicomisos, cheques de pago diferido, valores de corto plazo, cauciones, derivados de petróleo, oro, dólar, pero la recurrencia de las crisis financieras en las últimas décadas y el acotado espíritu de renovación de la propia dirigencia han barrido con los esfuerzos. No obstante, una foto es interesante: en un día cualquiera, si se toman en conjunto los principales mercados del país, podrán contarse negocios por más de u$s 8.000 millones. No es poco teniendo en cuenta que el mercado de acciones del Merval –quizás el más conocido– es casi el que menos volumen mueve, apenas u$s 10 millones por día.

Pero hay un sinfín de instrumentos que canalizan el ahorro y que funcionan bien. Estos mercados, hasta ahora autorregulados y con poder sancionatorio propio, verán limitada esta función, pero seguirán funcionando como plazas secundarias. Por otro lado, desmutualizarlos implicará ‘romper’ con un esquema que iba contra los propios intereses de difusión y penetración, en una sociedad hambrienta de variantes de ahorro, un argumento que ya había corroído las relaciones entre algunos dirigentes e incluso había enfrentado a distintas entidades pertenecientes al propio mercado doméstico.

Del otro lado está la Comisión Nacional de Valores (CNV), que es a los mercados lo que el Banco Central es a las entidades bancarias. En la figura de su titular, se concentrará más poder. El temor de quienes deberán respetar este nuevo orden es que en ese ejercicio de poder se haga un lugar la discrecionalidad, una variante poco feliz de ese atributo. El hecho que sea el Poder Ejecutivo el encargado de señalar quien ocupa esta silla, no hace más que reforzar la advertencia.

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